—¿P-Podría saber su nombre otra vez, Señor? —preguntó Bernie con una sonrisa mientras miraba a Anon.
Esta vez su estilo de hablar era completamente diferente, estaba cubierto de miel. Hablaba tan dulce que incluso una abeja sentiría vergüenza frente a sus métodos de hablar.
—Vaya, ¿no estás hablando realmente dulce, Luv? —preguntó Anon con una sonrisa mientras miraba a Bernie.
—N-No, lo siento por hablarle así. Realmente lo siento muchísimo, Señor —habló Bernie mientras se disculpaba con Anon agarrando su mano.
Luego empezó a llorar y mientras caían las lágrimas de sus ojos... Se convertían en copos de nieve.
—Sí, sí... Para eso. Me llamo Anon y no soy de este mundo —habló Anon con expresión neutra mientras miraba a Bernie.
—¿No de este mundo? —preguntó Bernie mientras dejaba de llorar de inmediato y miraba a Anon con una expresión de confusión y shock.
—Sí... Él te contará el resto de la historia —habló Anon mientras saltaba hacia abajo.