Brandon Piers podría no haber perdido la cabeza, pero Oliver Piers sí.
Bang, bang, bang...
Dentro de la habitación del hospital, Oliver Piers había destrozado todo lo que estaba a su alcance.
La habitación estaba sombría, llena de una atmósfera opresiva.
Daniel Piers no sabía cómo consolar a su padre y solo podía sentarse tranquilo a su lado.
Pero ver a su hijo de esta forma solo hacía que Oliver Piers estuviera aún más enojado. —¿Te echó?
—No. —Daniel sacudió la cabeza, pelando silenciosamente una manzana.
—Ya que no, deberías regresar a la empresa temprano. No te quedes simplemente parado. Todavía tenemos reuniones de Junta... —a pesar de su habla arrastrada, Oliver Piers no estaba dispuesto a ceder.
Al escuchar esto, Daniel cortó accidentalmente demasiado profundo, rompiendo la cáscara de la manzana. Una expresión de arrepentimiento cruzó por su rostro mientras miraba a su padre. —Papá, ya hemos perdido.
—¿Y qué? —Oliver Piers se mostró desafiante.