Capítulo 16: Cangrejos, Teletubbies y PEKKA

Hestia suspiró mientras movía un par de Jagamarukuns en la freidora caliente, el aroma a croquetas de papa fritas llenando el aire a su alrededor.

"¡Vamos, vamos! ¡Jagamarukuns recién hechos! ¡Deliciosos y crujientes!" gritó con entusiasmo, tratando de atraer clientes.

Era un día relativamente tranquilo en Orario, lo cual significaba que nadie estaba causando un desastre de proporciones cósmicas… por ahora.

Hestia sonrió satisfecha. Tal vez hoy sería un buen día.

Y justo cuando pensó eso…

BOOM

Una explosión sacudió la calle, seguida de un grito de pánico.

"¡MIS JAGAMARUKUNS!"

No, no estaba preocupada por la seguridad de la gente. Estaba preocupada por la bandeja de croquetas que acababan de salir perfectamente doradas… y que ahora estaban volando por los aires en un espectáculo de pura tragedia.

Hestia parpadeó.

Cangrejos.

Gigantes.

Que voltaban cosas y luego… se ponían a bailar.

Uno de ellos empujó un puesto de frutas, causando que todas las manzanas rodaran por el suelo. Y en el instante en que el puesto cayó…

¡TURURÚ TUTUTÚ!

Los cangrejos se pusieron a bailar sincronizadamente como si estuvieran en una rave subacuática.

Otro cangrejo volteó una carreta llena de zanahorias.

¡TURURÚ TUTUTÚ!

Más baile.

"¿¡QUÉ DEMONIOS ESTÁ PASANDO AQUÍ!?" gritó Hestia, viendo cómo los cangrejos gigantes seguían volcando cosas y bailando sin razón aparente.

La gente corría despavorida, pero cada vez que algo era derribado en el proceso, los cangrejos simplemente lo tomaban como una señal de fiesta.

Un aventurero intentó atacarlos con su espada, pero en el momento en que su golpe hizo que un barril cayera al suelo…

¡TURURÚ TUTUTÚ!

Más baile.

Hestia se agarró la cabeza. "¡ALGUIEN HAGA ALGO ANTES DE QUE ME VOLTEEN EL PUESTO!"

Y justo en ese momento, un cangrejo se le quedó viendo fijamente… y empezó a avanzar lentamente hacia ella.

Antes de que Hestia pudiera reaccionar, el cangrejo la tomó con una de sus pinzas y—

¡PLOP!

La volcó boca abajo.

"¡¡¿QUÉEEE?!!"

¡TURURÚ TUTUTÚ!

Los cangrejos comenzaron a bailar de nuevo, como si acabaran de lograr su mayor hazaña.

"¡¡BAJENME, MALDITOS BICHOS!!" gritó Hestia, agitando las piernas en el aire mientras seguía atrapada en la pinza del cangrejo.

La gente de Orario no sabía si ayudarla o simplemente aceptar que los cangrejos ahora dominaban la ciudad a base de baile.

Incluso un aventurero con una lanza se detuvo a mitad de su ataque, pensándolo mejor. "Eh… yo no quiero ser volteado también."

Mientras tanto, otro cangrejo volteó una mesa llena de comida.

¡TURURÚ TUTUTÚ!

Más baile.

Hestia sintió que su dignidad se deslizaba de su cuerpo junto con la gravedad. "¡¡¡AUTOOOOR!!! ¡¡¡SÉ QUE TIENES ALGO QUE VER CON ESTO!!!"

Justo cuando Hestia pensó que no podía ser peor, el cangrejo la soltó…

¡PLOP!

Cayó de cara en el suelo.

"Ugh…"

¡TURURÚ TUTUTÚ!

Los cangrejos siguieron bailando mientras la gente de Orario miraba sin saber qué hacer. Algunos comenzaron a aplaudir, otros sacaron instrumentos para acompañar la música, y un grupo de aventureros simplemente aceptó su destino y empezaron a imitar los movimientos de los cangrejos.

"¿¡QUÉ ESTÁ PASANDO AQUÍ!?" gritó Hestia, levantándose con furia y sacudiéndose el polvo.

De repente, se escuchó un ¡PUM! en el cielo.

FUEGOS ARTIFICIALES.

Con la cara roja de frustración, Hestia miró hacia arriba y vio, escrito con luces brillantes:

"HOMENAJE A LOS CANGREJOS BAILARINES DE ORARIO"

"…"

Hestia sintió un tic en su ojo.

"¡¡¡AUTOOOOOR!!! ¡¡¡SAL AQUÍ AHORA MISMO!!!"

El autor apareció de la nada, vestido con un traje gigantesco de Mickey Mouse, con la misma sonrisa perturbadoramente inmutable.

"¡Oye, chicos! ¿Quieren entrar a mi casa?"

Silencio absoluto.

Los cangrejos dejaron de bailar. Hestia entrecerró los ojos. La gente de Orario intercambió miradas incómodas.

"…¿No?"

Más silencio.

"Entonces váyanse a la verga."

Y sin más, el autor giró sobre sus talones y desapareció tan rápido como había llegado.

Hestia parpadeó varias veces, procesando lo que acababa de suceder.

Uno de los cangrejos levantó una de sus pinzas y la bajó lentamente, como si intentara aplaudir pero sin saber si era el momento adecuado.

La familia Takemikazuchi entrenaba como siempre, pero hoy había una energía… diferente. Mikoto estaba peleando con una intensidad brutal, como si el mismísimo destino la hubiera ofendido.

Chigusa la observó con preocupación. "Mikoto… ¿pasa algo?"

Mikoto gruñó, bloqueando un golpe con más fuerza de la necesaria. "Voy a darle una paliza al autor."

Takemikazuchi, que estaba supervisando el entrenamiento, suspiró. "¿Otra vez? Pensé que ya habíamos superado lo de la dakimakura."

"¡No es solo la dakimakura!" Mikoto hizo una finta, lanzó una patada giratoria y partió en dos un muñeco de entrenamiento. "¡Es el principio del asunto! ¡Saber que un degenerado con poderes divinos tiene una versión abrazable de mí en su casa es una ofensa a mi y a mi honor!"

Ouka levantó una ceja. "Pero… ¿qué tanto puedes hacer? Es el autor. Puede reescribir la realidad."

Mikoto se giró hacia ella, con una mirada de fuego. "Si con suficiente entrenamiento puedo partir una roca con una katana, entonces con suficiente esfuerzo puedo partir al autor en dos."

Silencio absoluto.

Takemikazuchi suspiró de nuevo, dándose palmaditas en la cara como si le doliera el alma. "Al menos espera hasta que termine de cocinar la cena. No quiero que nos haga llover bombas otra vez."

Justo cuando Mikoto estaba a punto de soltar otro golpe devastador contra un muñeco de entrenamiento…

"¡Holaaaaaa!"

El aire se rompió como si la misma realidad hubiera tenido una crisis existencial, y de la nada, el autor apareció flotando en el aire con una expresión completamente relajada.

Mikoto no perdió ni un segundo. Con un rugido de batalla, cargó hacia él con una velocidad impresionante, lanzando un corte vertical con toda su fuerza.

CLANK

El sonido que resonó no fue el de una espada cortando carne, sino el de un metal afilado chocando contra algo indestructible. Mikoto miró su katana… y vio que estaba pegada contra el torso del autor como si estuviera tratando de cortar una piedra indestructible.

El autor la miró. Luego miró la katana. Luego volvió a mirarla.

"Ah… qué sorpresa."

Mikoto rechinó los dientes, alejándose rápidamente. "¡No te hagas el idiota! ¡Dame una razón por la cual NO debería cortarte en este instante!"

El autor se cruzó de brazos. "Bueno, por empezar, porque no puedes."

Mikoto apretó los puños. "¡Podría intentarlo hasta que funcione!"

El autor chasqueó los dedos. La katana de Mikoto se convirtió en un fideo cocido.

Todos en la familia Takemikazuchi se quedaron en silencio absoluto.

Mikoto miró su "arma". Luego miró al autor.

El autor se encogió de hombros. "¿Ahora qué vas a hacer? ¿Atacarme con carbohidratos?"

Mikoto miró el fideo cocido en su mano con una expresión que oscilaba entre la ira y la incredulidad.

Luego, sin previo aviso, intentó usarlo como un látigo para golpear al autor en la cara.

El fideo ni siquiera llegó a tocarlo. Se partió a la mitad en el aire y cayó al suelo de manera patética.

El autor la miró con lástima. "Bueno, técnicamente lo intentaste."

Mikoto apretó los dientes con fuerza.

El autor levantó una ceja. "Dime, Mikoto, ¿qué se siente ser completamente impotente ante mí? Debe ser frustrante, ¿no? Entrenaste años con la espada, perfeccionaste tus técnicas… y, sin embargo, un chasquido de mis dedos te reduce a una simple vendedora de ramen."

El fideo en la mano de Mikoto tembló.

"Me pregunto si Takemikazuchi estaría orgulloso de ver a su discípula derrotada por una pasta."

El resto de la familia Takemikazuchi tragó saliva al ver cómo Mikoto empezaba a hervir de pura furia.

"Cállate…" murmuró entre dientes.

El autor fingió poner una mano en la oreja. "¿Perdón? ¿Qué dijiste? No te escuché sobre el sonido de tu derrota."

Mikoto explotó. "¡¡VOY A MATARTE!!"

Se lanzó contra él con la velocidad de un relámpago, con el puño listo para estrellarse en su cara…

Pero el autor la esquivó casualmente con un paso al costado, extendiendo un pie frente a ella.

Mikoto tropezó y se fue de cara al suelo, aterrizando de manera poco digna con un sonido seco.

El autor chasqueó la lengua. "Mikoto, Mikoto, Mikoto… ¿es en serio? Me das ganas de traerte una banana para que termines de hacer tu papel de payaso."

El cuerpo de Mikoto tembló.

Se puso de pie de inmediato, los ojos ardiendo con furia.

"¿Te crees muy gracioso, verdad?"

El autor sonrió con autosuficiencia. "Oh, no es que me crea gracioso… soy gracioso. Y lo que es mejor: soy invencible."

Mikoto apretó los puños. "¡Voy a encontrar la forma de hacerte pagar por esto!"

El autor se llevó una mano al mentón. "Mmm… eso suena como algo que diría alguien que no puede hacerme pagar por esto."

Mikoto dejó escapar un grito de furia y volvió a lanzarse sobre él.

El autor suspiró, extendió una mano… y chasqueó los dedos.

De repente, Mikoto sintió un peso extraño en su cuerpo. Se miró a sí misma… y su expresión pasó de rabia a horror.

Su armadura, su ropa… todo había sido reemplazado por un enorme disfraz de Teletubbie.

Rojo.

Con una antena en forma de círculo en la cabeza.

El silencio en la familia Takemikazuchi era sepulcral.

El autor observó con satisfacción. "Ah, Po— digo, Mikoto. Te queda de maravilla."

Mikoto sintió que una parte de su alma se quebraba.

Takemikazuchi desvió la mirada, claramente sufriendo de vergüenza ajena.

"D-Deja de hacer esto…" murmuró Mikoto, temblando de pura humillación.

"No" el autor chasqueo los dedos

El grito de desesperación de Mikoto se escuchó en toda Orario.

Takemikazuchi miró su nuevo atuendo con una expresión de absoluta confusión.

Era verde.

Con una antena en zigzag en la cabeza.

"…¿Qué clase de humillación es esta?"

El autor aplaudió con entusiasmo. "¡Ah, perfecto! Takemikazuchi como Dipsy es una elección de primer nivel. Realmente encaja con el papel de líder."

Chigusa, quien ahora estaba vestida de amarillo con una antena rizada, se miró a sí misma y luego miró a sus compañeros. "Bueno… al menos no es incómodo."

Ouka, ahora rojo como lo estaba Mikoto—digo, Po, cruzó los brazos y asintió. "No está tan mal. Se siente acolchonado, es cómodo."

Asuka, vestida de morado con una antena en forma de V, se miró en el reflejo de su espada. "Huh… soy morada, ¿eh? Bueno, podría ser peor."

Mikoto, en cambio, estaba absolutamente furiosa.

"¿¡CÓMO PUEDEN TOMARSE ESTO CON TANTA TRANQUILIDAD!?"

Takemikazuchi suspiró y le puso una mano en el hombro. "Mikoto, a estas alturas hay que aceptar que cuando el Autor está involucrado, la resistencia es inútil."

Mikoto sintió que una vena palpitaba en su frente.

El autor chasqueó los dedos de nuevo y, de repente…

¡Apareció un sol gigante con la cara de Haruhime en el cielo!

Haruhime, quien ni siquiera estaba ahí hace un segundo, miró alrededor confundida… hasta que notó que su rostro estaba en el sol.

"…¿E-Eh? ¿Q-Qué… qué está pasando?"

El autor rió con satisfacción. "Un clásico."

De pronto, empezó a sonar una musiquita infantil en el aire.

Los miembros de la familia Takemikazuchi se miraron unos a otros.

Y entonces…

Salieron corriendo en círculos, agitando los brazos como idiotas, mientras sonaba la intro de Los Teletubbies.

Takemikazuchi suspiró mientras trotaba por ahí. "Al menos no tengo que pagar la renta si vivo en un mundo infantil."

Chigusa reía mientras giraba en el pasto. "¡Esto es más divertido de lo que pensé!"

Asuka estaba dándolo todo, bailando con una seriedad absurda.

Ouka, sin entender realmente por qué, sintió la necesidad de hacer una voltereta en el suelo.

Mikoto, sin embargo, no se movió.

No.

Ella estaba parada en medio de todo el caos, con el rostro sombrío, el cabello cubriéndole los ojos.

El autor se acercó y le dio un par de palmaditas en la espalda. "Venga, Mikoto, suéltate un poco. Sé un buen Teletubbie."

Mikoto apretó los puños.

Y entonces, con una voz completamente vacía de vida, murmuró:

"…Voy a matarte."

El autor chasqueó los dedos y, en un instante, todo volvió a la normalidad.

Los atuendos de los Teletubbies desaparecieron, la familia Takemikazuchi suspiró aliviada… excepto Mikoto, que seguía con la mirada encendida por la furia.

El autor sonrió con diversión.

"Bueno, bueno. Creo que mereces una oportunidad justa."

Mikoto entrecerró los ojos. "¿Oportunidad justa para qué?"

"Para hacerme daño."

La samurái dio un paso al frente. "¡Por supuesto que lo haré!"

El autor levantó un dedo. "Ah, pero solo si puedes vencer a lo siguiente."

Antes de que Mikoto pudiera preguntar, el autor extendió la mano y una intensa luz comenzó a materializar algo frente a ellos.

La familia Takemikazuchi dio un paso atrás de inmediato.

Primero apareció el contorno de una armadura colosal. Luego, los cuernos afilados. Después, los detalles en violeta oscuro y una espada descomunal que emitía un brillo letal.

El suelo tembló cuando la criatura terminó de tomar forma.

Un gigante cubierto de metal oscuro, con una espada tan grande que podía partir una casa en dos. O tres.

Y entonces, el PEKKA de Clash Royale inclinó levemente la cabeza y, con su tono mecánico y monótono, dijo:

"Butterfly."

Mikoto sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

"…¿Qué… qué es esa cosa?"

El autor cruzó los brazos con satisfacción.

"El desafío."

El PEKKA se quedó inmóvil por unos segundos. Luego, su espada brilló y soltó un ¡CHIIIIING! ensordecedor.

Y entonces, cargó.

¡BOOM! ¡BOOM! ¡BOOM!

El suelo retumbó con cada una de sus pisadas. Mikoto apenas logró esquivar cuando la espada descendió con una fuerza titánica, dejando una grieta en el suelo.

"¡¿CÓMO SE SUPONE QUE VENZA A ESO?!"

El autor sonrió. "No sé, pero te recomendaría moverte. Ya casi te da."

"Butterfly."

Mikoto sintió que su vida pasaba frente a sus ojos.

Mikoto desenfundó su katana en un instante y, con toda la fuerza de su entrenamiento, lanzó un corte directo al pecho de la armadura gigante.

¡CLANG!

Su espada rebotó como si hubiera golpeado una pared de acero indestructible.

Mikoto parpadeó.

"¿Q-qué…?"

Intentó otro ataque, esta vez con más fuerza. Su hoja descendió con velocidad, pero el resultado fue el mismo. Su katana rebotó sin siquiera dejar un rasguño en la colosal armadura.

El PEKKA giró su cabeza lentamente hacia ella.

"Butterfly."

Mikoto sintió un escalofrío.

"Eso no puede ser… ¡Todo tiene un punto débil!"

Desesperada, intentó atacar las piernas, los brazos, la cabeza. Nada funcionaba. Era como si estuviera golpeando una montaña de adamantita pura.

El autor, observando desde un costado con una expresión de absoluto deleite, comentó:

"Sí, buena suerte con eso."

Mikoto giró con furia. "¡¿Cómo se supone que venza a esto?!"

El PEKKA levantó su espada de forma amenazante.

"Butterfly."

Mikoto tragó saliva.

"Estoy jodida, ¿verdad?"

El autor asintió. "Extremadamente."

El PEKKA levantó su gigantesca espada con un brillo siniestro en su filo y, antes de que Mikoto pudiera reaccionar…

¡ZAS!

El sonido del metal cortando carne y hueso resonó en el aire.

Por un instante, nadie se movió.

Mikoto parpadeó. Algo estaba mal. Muy mal.

Sintió un extraño vacío en su cuerpo… y luego…

La sangre brotó.

Un chorro carmesí salió disparado de su cintura cuando su torso se separó de su mitad inferior. Su cuerpo cayó en dos partes al suelo con un sonido seco, teñido de rojo.

La familia Takemikazuchi observó con horror absoluto.

Ouka se quedó completamente pálido, sin poder decir una palabra. Chigusa se llevó las manos a la boca, temblando. Takemikazuchi dejó caer su pipa, con los ojos muy abiertos.

Mikoto miró sus manos… luego bajó la mirada… y vio sus piernas a un metro de distancia.

Un escalofrío recorrió su cuerpo cuando la comprensión la golpeó.

"…"

Silencio.

Luego…

"AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHH—"

Su desgarrador grito de agonía llenó el aire.

"¡MI CUERPO! ¡¿QUÉ ME PASÓ?! ¡¿POR QUÉ ESTOY EN DOS PARTES?!"

El autor, con una expresión completamente relajada, se cruzó de brazos.

"Bueno, técnicamente sigues entera. Solo que ahora en dos pedazos."

Mikoto jadeaba, su respiración errática. La sangre seguía saliendo a borbotones, empapando el suelo.

Ouka cayó de rodillas. "Esto… esto no puede estar pasando…"

Takemikazuchi se pasó una mano por el rostro, murmurando para sí mismo. "¿Por qué todavía me sorprendo con estas cosas…?"

El PEKKA, sin inmutarse por la tragedia frente a él, simplemente alzó su espada de nuevo y dijo con su característica voz metálica:

"Butterfly."

Mikoto seguía en el suelo, tratando de procesar su nueva condición de "persona en dos partes". Sus ojos temblaban, su rostro estaba pálido y la sangre todavía brotaba, lo que solo aumentaba la histeria en el ambiente.

"¿¡P-Por qué me partió en dos!? ¡¿Por qué hay tanta sangre!? ¡¿Qué está pasando!?"

Ouka intentó acercarse, pero retrocedió en cuanto vio las tripas de Mikoto desparramadas en el suelo.

"M-Mikoto…" Chigusa apenas podía mantenerse en pie.

El autor, por su parte, suspiró y se frotó la nuca.

"Vaya, vaya… sí que gritas fuerte. Pensé que serías más resistente."

Mikoto le lanzó una mirada llena de rabia y desesperación. "¡M-Maldito! ¡Ponme de vuelta! ¡AHORA!"

El autor levantó una ceja. "¿Pero no querías enfrentarte a algo que te diera una posibilidad mínima de herirme? Bueno, ahí lo tienes. Aprendiste que eres como mantequilla ante el PEKKA."

"¡No es justo!"

El PEKKA inclinó la cabeza y repitió, con su voz metálica y monótona:

"Butterfly."

Mikoto sintió una punzada de ira.

"¡Cállate, maldito trasto! ¡Te odio!"

El PEKKA no reaccionó.

Mientras tanto, la familia Takemikazuchi todavía estaba en estado de shock. Takemikazuchi-sama finalmente recuperó la compostura y se giró hacia el autor con una mirada cansada.

"Autor… ¿puedes arreglarla?"

El autor suspiró, cruzándose de brazos. "¿Pero qué me das a cambio?"

"¡Mi gratitud eterna, por favor, solo hazlo!"

El autor chasqueó la lengua. "Pff, está bien."

Chasqueó los dedos.

Instantáneamente, la mitad superior de Mikoto flotó en el aire y se acopló perfectamente con su mitad inferior. Un resplandor brillante cubrió su cuerpo por unos segundos y, en un abrir y cerrar de ojos, estaba completamente restaurada, sin rastros de heridas o sangre.

Mikoto, aún temblando, se revisó el cuerpo con las manos. Estaba… entera.

"…¿Estoy viva?"

El autor asintió. "Sí, sí, bla bla bla, no me des un discurso emocional. Ya puedes ir a gritarle al cielo o algo."

Mikoto apretó los puños, todavía en estado de shock. Luego…

"¡TE ODIOOOOOOOOOOOOOOOO!"

El autor simplemente se encogió de hombros mientras el PEKKA volvía a repetir:

"Butterfly."

El autor, con una sonrisa burlona, simplemente chasqueó los dedos.

¡PAF!

Mikoto volvió a separarse en dos mitades, cayendo al suelo con un sonido húmedo. Su cara, que antes estaba roja de furia, ahora estaba blanca como el papel.

"…"

La familia Takemikazuchi se congeló en su lugar, sin atreverse a decir nada. Mikoto parpadeó varias veces, tratando de procesar lo que acababa de pasar. Luego, con un tono… inusualmente calmado, levantó la vista hacia el autor.

"…Por favor… vuélveme a la normalidad."

El autor se cruzó de brazos y fingió pensarlo. "Mmm, no sé, no sé… siento que si lo hago, volverás a gritarme y eso me da flojera."

Mikoto apretó los dientes, pero su tono seguía siendo sorprendentemente sereno.

"…No lo haré."

"¿Seguro?"

"…Segurísimo."

El autor sonrió. "¿Me lo prometes?"

"…Te lo prometo."

"¿Me lo juras por tu katana?"

Mikoto tragó saliva. "…Lo juro por mi katana."

El autor la miró fijamente por unos segundos, disfrutando cómo la pobre samurái sudaba frío. Luego chasqueó los dedos de nuevo.

¡PAF!

Mikoto volvió a estar entera. Se revisó el cuerpo, sintió sus piernas… y exhaló aliviada.

"…Gracias."

El autor se inclinó un poco. "¿Cómo dices?"

Mikoto cerró los ojos con fuerza. "¡GRACIAS!"

El autor asintió satisfecho. "Ves, no era tan difícil."

El PEKKA alzó su espada en señal de triunfo y repitió:

"Butterfly."

El autor chasqueó los dedos con una sonrisa traviesa. Al instante, el cielo sobre Orario se tornó de un color carmesí profundo, y de las nubes comenzó a caer un líquido rojo oscuro con un aroma inconfundible.

Era vino.

No una llovizna, no una tormenta ligera, sino una auténtica tempestad de vino tinto que empapaba calles, edificios y a cualquier desafortunado que estuviera al aire libre en ese momento.

Un mercader desprevenido abrió su paraguas, solo para que el peso del vino lo hiciera colapsar de inmediato.

Un aventurero intentó protegerse con su capa, pero terminó deslizándose y aterrizando de cara en un charco de alcohol.

Un grupo de personas en la taberna de Mia simplemente salieron con copas y jarras, celebrando como si los dioses hubieran decidido bendecirlos con la mejor cosecha del siglo.

Entonces, a lo lejos, un grito resonó por toda la ciudad:

"¡¡¡TE AMO, AUTOR!!!"

Incluso a pesar de la distancia, el tono eufórico, casi fanático, de la voz era inconfundible. Loki había recibido el mensaje.

El autor sonrió con satisfacción, mientras Mikoto, empapada de vino, se cubría el rostro con ambas manos y murmuraba:

"…No quiero seguir viviendo en este mundo."

El autor, aún con su sonrisa burlona, se acercó a Mikoto, quien seguía cubriéndose la cara con ambas manos.

"Tranquila, Mikoto" dijo con tono exageradamente suave. "Todo está bien. Solo fue un pequeño accidente. Nada grave. Además…"

De repente, como si fuera un mago sacando un truco de su manga, el autor le extendió algo…

El dakimakura de Mikoto.

La chica bajó lentamente las manos, miró la almohada con su propia imagen y su expresión pasó por varias fases: confusión, incredulidad, furia contenida… y finalmente, resignación absoluta.

"… ¿Por qué crees que esto me tranquilizaría?" preguntó con una voz plana, sin emoción.

"Porque es suave, cómoda y refleja tu gran belleza" respondió el autor con un tono teatral, como si estuviera declamando poesía.

Mikoto tomó la almohada, la miró fijamente por un instante… y luego la usó para golpear al autor en la cara.

El impacto no tuvo absolutamente ningún efecto en él, pero eso no impidió que ella siguiera golpeándolo con pura frustración.

Mientras tanto, la familia Takemikazuchi observaba la escena en completo silencio. Chigusa susurró a Ouka:

"Deberíamos hacer algo, ¿no?"

"… No" respondió Ouka con firmeza. "Ella lo necesita."

El sonido de la dakimakura golpeando repetidamente al autor era lo único que se escuchaba en el jardin. Mikoto, con la respiración agitada, seguía dándole golpes sin descanso, hasta que de repente… se detuvo.

El autor levantó una ceja. "¿Te cansaste ya? Porque si quieres te paso otra dakimakura de repuesto."

Mikoto lo miró fijamente, con el rostro enrojecido, su pecho subiendo y bajando rápidamente. Se mordió el labio inferior, como si estuviera en conflicto interno. Luego, sin previo aviso…

Se lanzó sobre él.

Antes de que alguien pudiera reaccionar, Mikoto tomó el rostro del autor con ambas manos y lo besó con una intensidad feroz. No fue un beso tierno, no fue un beso tímido. Fue un beso salvaje, apasionado, lleno de una emoción que ni ella misma comprendía del todo.

El jardín entero quedó en un silencio sepulcral.

Takemikazuchi, quien estaba tomando un sorbo de té, escupió todo de golpe.

Ouka dejó caer su espada.

Chigusa abrió tanto la boca que casi parecía que iba a desencajársela.

"¿Q-qué…?" murmuró Asuka, con los ojos fuera de sus órbitas.

Los labios de Mikoto seguían pegados a los del autor, sus manos aferradas con fuerza a su rostro. Cuando por fin se separó, se quedó mirándolo con el mismo fuego en los ojos… hasta que de repente pareció darse cuenta de lo que acababa de hacer.

Su expresión pasó del furor a la confusión, luego al horror absoluto.

"¿Q-qué…?"

El autor parpadeó un par de veces, aún con la sonrisa burlona en el rostro. Luego se llevó una mano a la barbilla y asintió con aprobación.

"Interesante."

 El autor se pasó la lengua por los labios y asintió con una expresión satisfecha.

"10/10, definitivamente lo repetiría."

Mikoto se quedó paralizada por un segundo. Luego su rostro se tornó rojo como un tomate, y en una explosión de vergüenza y furia, soltó un grito desgarrador.

"¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHH!!!"

Toda la Familia Takemikazuchi se cubrió los oídos ante el estruendo.

"¡CÁLLATEEEEE!" gritó Mikoto, fuera de sí, mientras le arrojaba la dakimakura con todas sus fuerzas. Luego se lanzó otra vez contra el autor, esta vez golpeándolo con todo lo que tenía, sin importarle que sus ataques no tuvieran efecto.

El autor, con una sonrisa burlona, simplemente la dejó hacer.

"Vaya, parece que alguien quiere otro beso."

Mikoto gritó aún más fuerte, sus ataques volviéndose más frenéticos.

Mientras tanto, Takemikazuchi observaba la escena con una mezcla de incredulidad y resignación.

"…Voy a necesitar más sake."

El autor seguía recibiendo los golpes de Mikoto con una sonrisa de suficiencia, como si estuviera disfrutando del espectáculo.

"¿Sabes, Mikoto? Si sigues golpeándome así, la gente va a pensar que en realidad quieres otro beso~" dijo con un tono burlón.

Mikoto se detuvo en seco, su rostro más rojo que nunca, y sus ojos temblando entre la furia y el puro pánico.

"¡¡¡DEJA DE DECIR ESTUPIDECES!!!" gritó antes de intentar darle una patada en la cara.

Obviamente, el autor ni se inmutó.

La Familia Takemikazuchi solo miraba, sin saber si intervenir o simplemente aceptar que su realidad había sido alterada de manera irreversible.

"Bueno, bueno, me gustaría quedarme a recibir más muestras de afecto, pero tengo cosas que hacer," dijo el autor con un chasquido de dedos.

Instantáneamente, Mikoto quedó flotando en el aire, inmovilizada, como si hubiera quedado atrapada en una burbuja invisible.

"¿Q-qué demonios hiciste ahora?" exigió Mikoto, retorciéndose sin éxito.

"Solo te puse en modo 'tsundere pasiva' por un rato. No querrás admitirlo, pero estás sonrojada y nerviosa," dijo el autor guiñándole un ojo.

Mikoto solo gritó de frustración.

La Familia Takemikazuchi estaba completamente derrotada emocionalmente. Takemikazuchi suspiró, frotándose las sienes.

"Voy por el sake… y si alguien me despierta antes de que me emborrache, lo desheredo."

El autor rió ante la escena y desapareció en un destello de luz, dejando atrás a una Mikoto flotante, furiosa y con la dakimakura pegada a su cara.