CAPÍTULO 80 Hundirse o quedarse con Emma.

Knox

Emma se queda ahí, clavada en el sitio en el momento en que oye mi voz.

Bajo el cielo oscuro, me estiro en la tumbona junto a la piscina, observándola atentamente mientras intenta huir.

Tras un momento de silencio por su parte, me pongo en pie y, con las manos en los bolsillos, me dirijo hacia ella.

—Te he hecho una puta pregunta. ¿Vas a alguna parte?

Acorto la distancia entre nosotros, y en sus ojos castaños color miel saltan chispas de emociones contradictorias.

Agarra el asa de su bolsa de lona con tanta fuerza que podría romperse en cualquier momento.

Puedo ver el movimiento de su garganta mientras traga saliva con dificultad.

—Eh..., Knox —dice con demasiada alegría, forzando una sonrisa—. Quería ir a comprar algunas cosas al centro comercial.

Resoplo. Debe de pensar que soy estúpido. Me cruzo de brazos, clavándole una mirada dura.

—Y te llevaste la bolsa. ¿Quién hace eso?