Knox
La pregunta me golpea como un puñetazo. La voz de la reportera es clara y profesional. Sus palabras se sienten como una patada en las entrañas. —¿Sabemos que es su hijastra. ¿Es cierto que hay algo más en su relación que solo eso?
La sangre se me hiela y luego me hierve. Siento la cámara sobre mí, la luz roja grabando cada uno de mis movimientos.
Al otro lado de la sala, la sonrisa de Monica no ha cambiado. Bebe un sorbo de su vino, observándome como un gato observa a un ratón. Sé que ella empezó este rumor. Quiero ir hasta allí y borrarle esa sonrisa de la cara, pero no lo hago. No aquí, no con toda esta gente mirando.
Pongo la misma cara que pongo cuando las cosas van mal en el trabajo. Por dentro estoy furioso. Pienso en Emma, en su rostro en el balcón, en sus labios después de haberla besado. Si la gente se entera de lo nuestro, ella será la que salga herida. No yo, ni su madre.