Capítulo 15: ¡Conociendo a mi compañero de asiento!

Después de haber tenido que lidiar con la incómoda situación de Yakishio y Ayano, finalmente pude encontrar algo de paz. La tensión que había surgido entre todos nosotros empezó a disiparse, y por fin estaba en un lugar donde no tenía que preocuparme por la presencia de Yanami o algún profesor problemático. Fue un respiro, un alivio tan grande que me sentí casi como si pudiera relajarme de verdad por primera vez en el día. Agradecí ese momento desde lo más profundo de mi ser, como si toda la pesadez que había cargado sobre mis hombros finalmente se desvaneciera.

Me quedé unos minutos en silencio, disfrutando de la calma. De vez en cuando, la mente tiende a volverse un tanto ruidosa, incluso cuando todo parece en silencio. Fue entonces cuando, en medio de mi reflexión, me surgió una pregunta que no podía ignorar: ¿Acaso no podían comprender los demás que lo único que yo deseaba era una vida normal? Una vida en la que nada complicado o inesperado sucediera, una vida tranquila en la que no tuviera que lidiar constantemente con situaciones incómodas o problemáticas. Parecía tan sencillo, y sin embargo, parecía que siempre había algo que me sacaba de esa rutina monótona y tranquila que anhelaba.

Pero mientras más pensaba en ello, más dudaba. ¿Era yo el que no entendía lo que realmente quería? ¿Acaso mi deseo de una vida sencilla no era más que una ilusión, algo que mi mente había creado como refugio? Tal vez, en el fondo, mi vida no podría ser tan común. Tal vez, las circunstancias, las personas, o incluso yo mismo, nos estábamos inclinando hacia un destino más complejo del que quería aceptar. Quizás, lo que realmente buscaba era algo mucho más profundo, algo que ni siquiera yo sabía cómo definir.

De alguna manera, sentí que algo se movía dentro de mí, algo que todavía no estaba del todo claro. Mis intenciones, mis pensamientos, mis deseos… todo estaba entrelazado, pero no de la forma que imaginaba. Había una parte de mí que necesitaba algo más que solo una vida tranquila y predecible. Quizás, lo que me incomodaba era la incertidumbre de no saber lo que realmente quería, y cómo, a pesar de mis esfuerzos por evitar complicaciones, las situaciones siempre terminaban arrastrándome a algo nuevo, lo cual era algo que quería evitar, pero nunca lograba hacerlo.

Cuando la clase de educación física finalmente terminó, me apresuré a cambiarme en el vestuario. Las agotadoras actividades que había realizado seguro que me habían dejado cansado, casi podía sentirme sudar. Me coloqué el uniforme escolar rápidamente, ajustando la camisa y alisando los pantalones antes de dirigirme al salón de clases.

Al entrar, el aula estaba vacía, como siempre, salvo por la figura que siempre estaba presente en el salón. Allí estaba Basori Tiara, mi compañera de asiento. Aunque el salón estaba desierto, su presencia no pasaba desapercibida. Siempre se sentaba recta, su postura impecable, como si no fuera capaz de dejar de estar en modo "estudiante modelo". Nunca habíamos hablado mucho, pero era imposible no notar su seriedad y la disciplina que la rodeaba.

Me quedé ahí, observándola por un instante. ¿Acaso debería interactuar con ella?

Aunque recientemente la habían hecho mi compañera de asiento, aún no había interactuado demasiado con ella, su hermosa apariencia me hacía querer acercarme a ella, pero lamentablemente era completamente lo contrario a mi persona, siendo ella una adicta a las reglas.

A pesar de ser una estudiante de primera año, era parte del consejo estudiantil, lo que no me sorprendía en absoluto. Su devoción por las normas era tan intensa que parecía que su vida giraba completamente en torno a seguirlas. No había espacio para la flexibilidad en su mundo, ni para los pequeños deslices que todos cometemos de vez en cuando. Me preguntaba cómo sería estar en su lugar, vivir cada día con ese nivel de autocontrol y perfección. Pero al mismo tiempo, no podía evitar preguntarme si, detrás de esa fachada tan perfecta, había algo menos rígido, que nunca se permitía mostrar.

''Hola, hay un examen hoy, ¿verdad?'' según la imagen mental que tenía de ella, debería de haber estado seguro, pero parecía que me había equivocado.

¿Acaso así se veía un estudiante modelo antes de un examen común y corriente?, tenía mis dudas, pero decidí no indagar demasiado.

"Así es. ¿Te has preparado?" Su mirada se desvió hacia sus apuntes, aunque la forma en que pasaba las páginas me hizo cuestionar su método de estudio. Su letra, sin embargo, era hermosa e impecable

''Lo suficiente para pasar'' en realidad podría sacar un 100 si quisiera, pero me gustaba pasar como un estudiante común y corriente con notas promedio. ''¿Y tu?''

Casi parecía ofendida por mi comentario, palabra clave: casi

"Por supuesto. Siempre me mantengo al día con mis estudios", dijo con seguridad, aunque sus ojos se desvían brevemente hacia sus apuntes. Podía decir por la organización de su cuaderno que lo decía en serio, pero aún así había algo que no terminaba de cuadrar.

A pesar de sus palabras y sus gestos. La forma en que estaba hojeando sus apuntes me decía lo contrario. Su organización era deficiente, y aunque su letra era clara, el contenido no parecía seguir un patrón lógico. Era evidente que sus esfuerzos para mantenerse al día con el material eran más una cuestión de perseverancia que de habilidad real.

''Ya veo... ¿Te parece hacer un repaso conmigo?, solo para estar seguros de que nos vaya bien, aun tenemos tiempo antes de que inicie la clase'' 

"Está bien", dijo, aunque su tono era algo más relajado que antes. "Un repaso no vendría mal." aunque pareció dudar por un par de segundos, al final decidió aceptar mi oferta.

A medida que repasábamos el material, lo que inicialmente comenzó como un repaso conjunto entre los dos, gradualmente se transformó en una clase particular que solo yo estaba impartiendo. No había planeado que las cosas tomaran ese rumbo, pero de alguna manera, sin quererlo, me encontré asumiendo el papel de profesor.

Al principio, pensaba que se trataría de una rápida revisión de los puntos clave, algo ligero, como esos repasos de última hora que todos hacen antes de un examen. Sin embargo, pronto me di cuenta de que, a pesar de su actitud tan segura y disciplinada, Basori no entendía algunos conceptos tan claramente como había supuesto. Cada vez que le explicaba un punto, veía cómo sus ojos se iluminaban brevemente con un atisbo de comprensión, solo para desaparecer en un parpadeo, como si el conocimiento se le escapara antes de que pudiera aferrarse a él.

Me encontré detallando explicaciones de forma más profunda, tomando tiempo para asegurarme de que comprendiera cada aspecto, incluso aquellos que a mí me parecían simples. Fue entonces cuando la situación comenzó a desviarse de lo esperado. Sin quererlo, me encontré actuando como su profesor, guiándola en un proceso que no había planeado.

Cuando finalmente terminamos de repasar todo el material, sentí que podía soltar un suspiro de alivio. No solo porque el repaso hubiera concluido, sino porque la situación en sí misma me había sorprendido de maneras que no esperaba. Nunca había anticipado que este simple intercambio de ideas se convirtiera en algo tan... revelador.

"En realidad, no eres buena en los estudios, ¿eh?" murmuré, sin pensarlo demasiado, mientras me dejaba caer contra la mesa, agotado pero satisfecho tras haberle explicado prácticamente todo el material.

''C-cállate'' aparentemente no pudo soportar la vergüenza de que haya resaltado lo mala que era en los estudios, aunque la vista de ella con las mejillas coloradas era una vista que me podría acostumbrar a ver, posiblemente era una de las chicas mas hermosas que había visto.

"No te preocupes," le dije, con una leve sonrisa "aunque, debo decir que la vista de una Basori sonrojada definitivamente vale la pena el esfuerzo de convertirme en profesor particular." La observé de reojo mientras hablaba, sin poder evitar notar lo adorable que se veía.

Si antes había estado sonrojada, ahora podía decir con certeza que su rostro se había transformado en un tomate maduro. No solo sus mejillas, sino también sus orejas, revelaban lo profundamente avergonzada que estaba. Era difícil no dejarse llevar por esa visión, y, aunque sabía que no debía insistir demasiado, no pude evitar disfrutar de esa pequeña victoria.