Rebelión contra el cielo - Part 40

Capítulo 40: La Cacería de los Heraldos

Los mil heraldos se arrodillaron en el umbral del portal, sus cuerpos envueltos en un velo de sombras. La brisa que emanaba de la abertura era fría, casi espectral, y cargada de un aroma a cenizas y muerte. Las siluetas de los guerreros parecían fusionarse con la penumbra, como si la misma oscuridad les reclamara como suyos. Daichi estaba al frente, con la cabeza gacha, esperando la última bendición de su ama.

La Muerte lo observó con indiferencia, su silueta etérea flotando por encima de él. Su presencia era como una sombra líquida, ondulante y sin forma fija, apenas definida por los destellos pálidos de su mirada vacía. A pesar de su inmensa autoridad, su voz descendió en un susurro, un murmullo que resonó como un eco en la eternidad.

—Recuerda, Daichi… —murmuró con una sonrisa enigmática—, si quieres ser mío, no debes fallar.

Él asintió con frenesí, con el corazón latiéndole en el pecho como un tambor de guerra. Su mirada ardía con un fanatismo incontrolable. La devoción que sentía no era solo una fe ciega, sino una entrega absoluta a la causa. Para él, no había vida más allá de su deber, no había propósito fuera de su promesa.

—No fallaré, mi señora. Los mataré. Se lo prometo.

Ella chasqueó los dedos.

El portal se abrió con un rugido.

El sonido rasgó el aire como un trueno en medio de la tormenta. Una fuerza invisible azotó el terreno, levantando polvo y haciendo temblar las piedras bajo sus pies. La negrura del umbral pulsaba como un corazón oscuro, latiendo con energía pura. Sin vacilar, Daichi dio un paso al frente y cruzó el umbral.

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En una televisión de última generación, instalada en el centro de una elegante sala de reuniones, una voz femenina resonaba con energía y un tono de urgencia que contrastaba con la fría calma del entorno.

—¡Última hora! Las calles han sido testigos de una carnicería sin precedentes. Los cuerpos de varios individuos, entre ellos criminales buscados, fueron encontrados en condiciones que desafían la lógica.

Las imágenes que acompañaban la noticia eran impactantes. Fragmentos de carne esparcidos por el suelo, rastros de sangre formando patrones caóticos, un escenario que parecía sacado de una pesadilla. En las pantallas, la ciudad estaba teñida de rojo. Se podían ver extremidades desmembradas, paredes manchadas con la firma inconfundible de la brutalidad.

La conductora de noticias, a pesar de la gravedad de la situación, mantenía una expresión extrañamente animada. Sus labios pintados de rojo se curvaron en una media sonrisa mientras continuaba.

—Entre los responsables de esta sangrienta escena se encuentran dos individuos ya conocidos por su participación en eventos recientes. Sus identidades aún no han sido confirmadas, pero testigos afirman haber visto a una figura portando un martillo de guerra y a otra empuñando una espada.

La imagen cambió, mostrando un video de baja calidad donde se veía a uno de los atacantes aplastando a alguien con un arma pesada, mientras la otra silueta cortaba con precisión letal a otro enemigo. Se movían con una sincronía inquietante, como si la violencia fuera una danza ensayada una y otra vez hasta alcanzar la perfección.

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El video de la carnicería corría como pólvora por la red.

En la sede de la Liga de Héroes, un grupo de figuras imponentes observaba la transmisión. Las luces frías del salón proyectaban sombras angulosas sobre los rostros de los presentes. Nadie hablaba al principio, pero la tensión en el aire era sofocante.

Uno de los líderes, un hombre de cabello grisáceo y expresión endurecida por años de batalla, rompió el silencio con un murmullo incrédulo.

—Esto es una locura…

Su compañero, un héroe de renombre con cicatrices que contaban historias de antiguas victorias y fracasos, frunció el ceño con gravedad.

—Esos individuos han cruzado la línea. No podemos ignorarlo.

 Aurion - (El Guardián Supremo) permaneció en silencio por un instante. Sus ojos dorados destellaban con preocupación mientras observaba la escena repetirse una y otra vez en la pantalla. Cada golpe, cada corte, cada muerte… Se sentía como un presagio.

—Si ellos siguen matando así… tarde o temprano, tendremos que intervenir.

Mientras tanto, en los rincones más oscuros de la ciudad, lejos de la moralidad y la justicia, los villanos reían con diversión.

Uno de ellos, con el rostro oculto tras una máscara metálica, inclinó la cabeza con interés.

—Interesante… —susurró, con una sonrisa torcida.

Otro, con una cicatriz recorriéndole la mejilla, soltó una carcajada ronca.

—Si esto sigue así, el mundo necesitará más que héroes para detenerlos.

Las sombras danzaban en las paredes, proyectadas por la luz de una lámpara mortecina. Los murmullos de aquellos que observaban desde la oscuridad se intensificaron. Algunos veían una oportunidad en el caos, otros un cambio en el equilibrio de poder. Pero todos coincidían en algo: la cacería apenas había comenzado.

Y esta vez, nadie estaba a salvo.