El sol brillaba sobre Orario, y la vida en la ciudad seguía su curso habitual. Aventureros y comerciantes llenaban las calles, cada uno con sus propios asuntos… hasta que el Autor decidió que era momento de cometer otro crimen contra la lógica de este mundo.
Y esta vez, lo haría con pizza.
La Anfitriona de la Fertilidad estaba más tensa de lo normal. La taberna, usualmente llena de risas y bullicio, tenía ahora un ambiente extraño. Las meseras estaban inquietas, sus movimientos carecían de la energía habitual.
"No queda nada…" murmura Lunoire, apoyando la frente en la barra.
"¿Cómo pudo acabarse tan rápido?" pregunta Chloe, con una expresión de derrota.
"Porque se la comieron en menos de media hora," responde Mia Grand con los brazos cruzados. "Y no pienso cocinar algo que ni siquiera entiendo."
Las chicas miraron al Autor, quien estaba disfrutando tranquilamente una bebida. La presión sobre él era evidente.
"Nos diste algo increíble y luego nos lo quitaste," dice Syr con una sonrisa peligrosa.
Ryuu se cruza de brazos. "Tienes dos opciones: traes más pizza o aceptas las consecuencias."
El Autor suspira, levantando las manos en señal de paz. "Están amenazando a su proveedor. Esto es peor que un mercado negro."
Las chicas se miraron entre sí.
"Eso significa que necesitamos hacer un mercado negro," susurra Chloe.
El Autor ignora el comentario y decide que abrir una pizzería era la mejor solución para evitar ser asesinado por una mesera.
El Autor salió de la Anfitriona de la Fertilidad con una sola misión en mente: encontrar un lugar adecuado para abrir la primera pizzería de Orario.
Mientras caminaba por las bulliciosas calles, se dio cuenta de algo… no tenía ni la menor idea de cómo funcionaba el sistema inmobiliario en este mundo.
…
Después de un rato deambulando, se le ocurrió la idea más simple y efectiva: buscar un terreno baldío y reclamarlo como suyo.
Y, como si el universo respondiera a su absurda lógica, encontró justo lo que buscaba: una parcela de tierra olvidada en una esquina de la ciudad. Estaba abandonada, con hierba crecida y sin indicios de propietarios recientes.
El Autor se cruzó de brazos y asintió con satisfacción.
"Perfecto. Ahora solo falta construir la pizzería."
Y en lugar de buscar trabajadores, permisos o materiales… chasqueó los dedos.
Ante la mirada de varios transeúntes confundidos, una estructura comenzó a materializarse de la nada. Paredes de ladrillo rojo, un letrero con letras doradas que decía "Pizza Divina: Más sagrada que la bendición de un dios.", y un agradable aroma a queso derretido que inundó el aire.
Los aventureros que pasaban se detuvieron a observar la escena, algunos murmurando que probablemente se trataba de un nuevo negocio de la Familia Hefesto o de la Familia Dian Cecht.
Pero los que conocían al Autor ya estaban acostumbrados a su existencia ilógica.
El establecimiento estaba listo. Ahora solo quedaba un problema…
"¿Cómo demonios hago pizza sin ingredientes?"
El Autor chasqueó los dedos con la confianza de alguien que no tenía la menor intención de trabajar duro.
En el almacén de la pizzería, cajas y sacos comenzaron a aparecer de la nada. Harina de alta calidad, tomates rojos y jugosos, queso mozzarella, hongos frescos, carnes perfectamente sazonadas y una cantidad absurda de especias.
Todo perfectamente organizado, como si un equipo de chefs experimentados lo hubiera preparado con antelación.
El Autor asintió con satisfacción.
"Perfecto. Ahora solo falta la parte más fácil… convencer a todo Orario de que esto es la mejor comida que han probado en su vida."
Se frotó las manos con una sonrisa confiada.
"Tiempo de marketing."
Sin perder un segundo, el Autor desapareció en un parpadeo y reapareció en la sede de la Familia Loki, justo en medio de la sala principal.
Los miembros presentes dieron un respingo al verlo materializarse de la nada, pero después de tantos encuentros con él, la sorpresa duró apenas un segundo antes de que todos volvieran a lo suyo.
Ais, quien casualmente pasaba por allí, se detuvo al verlo.
El Autor sonrió con complicidad.
"Ais, querida, necesito tu ayuda con un asunto muy importante."
Ella ladeó la cabeza. "¿Qué asunto?"
El Autor se cruzó de brazos, con una expresión solemne.
"Voy a abrir un restaurante y necesito una imagen icónica para atraer clientes."
Ais parpadeó. "¿Imagen icónica?"
"Sí. Y pensé… ¿quién mejor que la espadachina más famosa de Orario?"
El Autor se quedó momentáneamente sorprendido cuando Ais, sin decir una palabra más, tomó su mano con firmeza.
"Guíame," dijo con su expresión neutral de siempre, como si no acabara de hacer algo inusualmente atrevido.
El silencio en la sede de la Familia Loki fue inmediato.
Bete, que justo estaba pasando por ahí, escupió la bebida que tenía en la boca. Finn levantó una ceja con curiosidad, mientras que Lefiya parecía petrificada, con la mirada perdida en la distancia. Loki, por su parte, dejó de hacer lo que sea que estuviera haciendo y sonrió con un brillo peligroso en los ojos.
El Autor, ajeno o tal vez simplemente ignorando el caos latente a su alrededor, asintió con satisfacción.
"Bien, bien. Me gusta tu disposición."
Dicho eso, se teletransportó junto con Ais, dejando atrás un ambiente cargado de preguntas, miradas atónitas y una elfa que parecía al borde de un colapso nervioso.
El destello de la teletransportación se disipó, y Autor apareció con su atuendo casual de siempre… pero Ais… bueno.
Ais miró hacia abajo.
Su usual atuendo de aventurera había desaparecido, reemplazado por un vestido corto a rayas rojas y blancas, del estilo de las clásicas camareras de los años 80. La falda tenía un leve vuelo, y un pequeño delantal blanco complementaba el conjunto.
Ella parpadeó lentamente.
El autor también parpadeó, con una sonrisilla satisfecha en el rostro.
Ais levantó la cabeza y lo miró directamente a los ojos. "¿Esto es… necesario?"
El autor asintió con total convicción. "Absolutamente."
Ais no respondió de inmediato. Miró su atuendo una vez más, luego miró la pizzería con el letrero resplandeciente y las luces encendidas. No era exactamente una guerrera que analizaba el campo de batalla antes de una pelea, pero el aura era similar.
"…Está bien," dijo al final con su usual tono neutral, como si no acabara de aceptar sin más su nuevo rol de camarera.
El autor apenas pudo contener una carcajada. Esto iba a ser bueno.
Este le dio un par de palmadas en el hombro a Ais con una sonrisa aprobatoria.
"Bien, ahora tu trabajo es simple: quédate en la entrada y atrae clientes."
Ais ladeó la cabeza. "¿Atraer clientes?"
"Sí, solo quédate ahí y verás cómo llegan por sí solos," dijo Autor con confianza.
Sin cuestionarlo más, Ais caminó hasta la entrada del restaurante y se quedó de pie, con su expresión estoica habitual, vestida con su llamativo uniforme de camarera.
Y como si el destino lo hubiese planeado, los aventureros que pasaban por la calle empezaron a notar la escena.
Un grupo de novatos que acababan de salir del gremio se detuvo en seco. Uno de ellos, un humano con cara de no haber hablado con una chica en su vida, empezó a temblar.
"E-Es Ais Wallenstein, ¿cierto?" murmuró, con los ojos desorbitados.
"¿Por qué está vestida así…?" preguntó su compañero elfo, tratando de procesar la imagen.
"¡Más importante! ¿¡Está trabajando aquí!?" chilló un enano, claramente emocionado.
En cuestión de segundos, la noticia empezó a correr como un incendio. Aventureros de todos los niveles, desde principiantes hasta veteranos, comenzaron a congregarse frente a la pizzería. Algunos solo querían confirmar el rumor, otros miraban con incredulidad, y un buen número parecía al borde de la combustión espontánea.
"¡Ais-sama nos va a atender!"
"¡Voy a pedir una pizza aunque no tenga hambre!"
"¡Vendo mi espada mágica por un asiento junto a la ventana!"
La multitud crecía. El autor, observando todo desde la cocina, cruzó los brazos con satisfacción.
"Plan maestro completado."
La pizzería estaba a reventar. Nunca antes en la historia de Orario un restaurante había tenido tanto éxito en tan poco tiempo. Y todo gracias a Ais Wallenstein en uniforme de camarera.
Ais iba de mesa en mesa, haciendo su mejor esfuerzo por atender a los clientes. Sin embargo, había un pequeño problema: Ais no era precisamente la persona más expresiva o habladora del mundo.
Un aventurero nervioso levantó la mano para llamar su atención. "Eh… quisiera una pizza de pepperoni y—"
Ais asintió en silencio y se fue antes de que el tipo terminara su orden.
"E-Espera… ¡Faltaba la bebida!" murmuró el aventurero, pero Ais ya estaba atendiendo otra mesa.
Otro cliente intentó pedir una pizza con champiñones y aceitunas. Ais lo escuchó en silencio, inclinó la cabeza… y luego se fue.
"¿L-Lo habrá anotado?"
Las mesas se llenaban de clientes con expresiones confundidas, pero nadie se atrevía a quejarse. ¿Cómo iban a quejarse? ¡Era Ais Wallenstein quien los estaba atendiendo!
"D-Da igual si mi pedido está mal…" dijo un aventurero con lágrimas en los ojos. "Lo importante es que Ais-sama lo trajo…"
Mientras tanto, en la cocina, Autor sacaba pizzas como si su vida dependiera de ello. Gracias a sus poderes absurdos, cada pizza salía perfecta. Se asomó un momento al área de clientes y vio el caos silencioso que Ais había causado.
"No es la mejor camarera, pero definitivamente es la más efectiva…" musitó, observando cómo la gente simplemente aceptaba cualquier cosa con tal de que Ais se las entregara.
De alguna forma, sin importar qué pidieran los clientes, la pizza que recibían siempre los hacía felices. Quizás porque las pizzas eran demasiado buenas. O quizás porque el solo hecho de que Ais las sirviera les daba sentido a sus vidas.
Fuera como fuera, el negocio estaba en auge.
Pasó una hora y la pizzería seguía en su máxima capacidad. Ais iba y venía entre las mesas, entregando pizzas con su misma expresión neutral, mientras los clientes aceptaban lo que fuera sin atreverse a quejarse.
Todo marchaba bien. Hasta que se abrieron las puertas con fuerza.
La Familia Loki entró con su usual presencia dominante… solo para quedarse en silencio absoluto al ver a Ais Wallenstein sirviendo mesas vestida como camarera.
Lefiya fue la primera en reaccionar… si es que contar quedarse congelada, con el rostro rojo como un tomate y el alma escapando de su cuerpo, podía considerarse una reacción.
Loki, en cambio, sonrió de oreja a oreja. "Oooooh~ ¿Qué tenemos aquí?"
Bete soltó una carcajada. "¡¿Qué carajos haces vestida así, Ais?!"
"Trabajando." Respondió la espadachina con total neutralidad, sin entender el alboroto.
Finn y Riveria intercambiaron miradas. Finn suspiró. "¿Sabes qué? No preguntaré."
"Me parece lo más sensato." Concordó Riveria, masajeándose las sienes como si esto fuera un dolor de cabeza anunciado.
Para Loki, sin embargo, esto era un tesoro inesperado. "¡Ais-tan, ven aquí y sírvenos~!" exclamó, casi babeando.
Ais simplemente asintió y se acercó a su mesa con la libreta en mano.
Lefiya hizo un sonido similar al de una tetera hirviendo y se escondió detrás del menú.
Loki se dejó caer en una silla, golpeando la mesa con emoción. "¡Ja! Bueno, esto tengo que aprovecharlo. ¡Tráenos una pizza, lo más grande que tengas! ¡Y una jarra de cerveza!"
Finn suspiró. "Solo agua para mí."
Riveria, con una ceja arqueada, miró a Autor. "Voy a asumir que esto es inofensivo, pero… ¿vas a explicarnos cómo convenciste a Ais de hacer esto?"
Ais intervino antes de que Autor pudiera hablar. "Dijo que era un favor."
Loki casi se cae de la silla de la risa. "¡¿Y con eso te convenció?! ¡Ais, por amor a los dioses, tienes que aprender a hacer más preguntas antes de aceptar cosas!"
Lefiya miró a Ais y luego a Autor, con una expresión de puro terror. "¡¿No le habrás hecho nada extraño a Ais-san?!"
El autor puso una mano en el pecho, ofendido. "¡¿Yo?! Por favor, ¿qué clase de persona crees que soy?"
Bete gruñó. "El tipo que hace cosas raras sin razón aparente."
El autor chasqueó los dedos. "Exacto."
Riveria cerró los ojos, masajeándose las sienes. "Esto es un problema…"
Mientras tanto, Ais se mantenía impasible, sin entender la conmoción.
La Familia Loki apenas había terminado de procesar la situación cuando, literalmente un minuto después de que hicieron su pedido, Ais ya estaba colocando en la mesa una jarra de cerveza espumosa, un vaso de agua para Finn y una pizza gigantesca, recién salida del horno, con el queso burbujeando y el aroma inundando el restaurante.
Loki parpadeó un par de veces, mirando la pizza y luego a Ais. "Espera, espera, espera. ¿Cómo demonios llegó tan rápido?"
Finn también estaba sorprendido. "Ni siquiera oímos que la prepararan…"
Riveria miró con desconfianza a Autor. "¿Acaso usaste magia?"
Autor sonrió, pero no dijo nada, simplemente levantó los hombros con una expresión misteriosa.
Bete frunció el ceño. "Esto me da mala espina…"
Loki, sin importarle nada, tomó un trozo y le dio un gran mordisco. En cuanto el sabor explotó en su boca, sus ojos se abrieron de par en par. "¡¿Pero qué carajos es esto?! ¡Esto está jodidamente bueno!"
Lefiya, aún tímida, tomó un pedazo y le dio un mordisco, sus mejillas enrojeciéndose de inmediato. "I-¡Increíble…!"
Finn probó un bocado y sonrió. "Debo admitirlo, esto supera con creces cualquier cosa que haya comido en Orario."
Incluso Riveria, quien rara vez mostraba emoción por la comida, tomó un pedazo y lo probó con cautela… y no pudo evitar asentir con aprobación.
Bete, aunque aún desconfiado, finalmente cedió y tomó un pedazo. En cuanto lo probó, su expresión se suavizó por un momento, pero rápidamente se cruzó de brazos. "Tsk… está decente."
Loki se rió y le dio una palmada en la espalda. "¡Admítelo, chucho, esto está jodidamente delicioso!"
Mientras tanto, Ais simplemente observaba, esperando más pedidos. El autor, con una sonrisa satisfecha, cruzó los brazos. "Bueno, bueno, parece que tenemos clientes felices. ¿Algo más que quieran?"
Loki levantó su jarra de cerveza. "¡Sí! ¡Más pizza y más cerveza!"
Loki, con los ojos brillando de emoción y cerveza en la mano, se inclinó sobre la mesa hacia Autor, quien seguía de pie con una expresión entretenida.
"Escucha, niño, esta pizza es un regalo de los dioses… y eso lo digo yo, que soy una diosa. Así que…" Apoyó un codo en la mesa y lo miró fijamente con una sonrisa astuta. "¿Qué dices si hacemos un trato? Me das acceso ilimitado a estas delicias, siempre que quiera y cuando quiera, y a cambio…"
Hizo una pausa dramática, alzando un dedo antes de recorrer la mesa con la mirada y luego señalarse a sí misma con orgullo.
"Puedes pedirme lo que sea."
Las palabras flotaron en el aire.
Finn, que estaba bebiendo agua, se atragantó. Lefiya se puso tan roja como un tomate. Riveria dejó escapar un suspiro cansado. Bete casi escupe su pizza de la risa.
El autor parpadeó un par de veces, mirando a Loki con una mezcla de sorpresa y diversión. "¿'Lo que sea' dices?"
Loki se apoyó en la mesa con ambas manos y le guiñó un ojo. "Lo que sea."
Ais, que seguía cerca, inclinó la cabeza en confusión. "¿Eso significa que estarás a su servicio como aventurera si él lo pide?"
Loki chasqueó los dedos. "¡Exacto, Ais-chan! Si este genio culinario quiere que le limpie su casa, lo haré. Si quiere que le pague con oro, se lo daré. Si quiere… no sé, que me disfrace de conejita y baile en su restaurante, pues… depende de la cantidad de pizza."
Lefiya casi colapsa.
El autor cruzó los brazos, claramente disfrutando la situación. "Hmm… tentador."
Loki se inclinó más, con una sonrisa astuta. "Vamos, no seas tímido. Pide lo que quieras."
Bete soltó una carcajada. "¡Oye, oye, qué desesperada suenas, Loki!"
La diosa le lanzó una mirada. "¡Cállate, chucho, esto es importante!"
Finn, aunque divertido, decidió intervenir. "Loki, ¿no crees que estás exagerando?"
Loki lo miró con total seriedad. "Finn, querido, tú eres un gran estratega, pero dime con toda honestidad… ¿Cuándo has probado algo mejor que esta pizza?"
Finn abrió la boca… y la cerró. No tenía argumentos.
Riveria cerró los ojos con resignación. "No puedo creer que esto esté ocurriendo."
El autor, por su parte, se llevó una mano al mentón, fingiendo pensarlo seriamente. Luego sonrió. "Bueno, lo pensaré."
Loki frunció el ceño. "¡¿Cómo que 'lo pensaré'?! ¡Esta es la oferta del siglo!"
El autor simplemente se rió. "Exacto, por eso no voy a apresurarme."
Loki apretó los dientes, pero luego sonrió con determinación. "Bien… seguiré insistiendo."
Y así, la diosa tramposa quedó atrapada en su propia trampa, mientras la pizzería seguía funcionando con éxito rotundo.
El autor chasqueó la lengua y se cruzó de brazos. "Suena tentador, pero…"
La familia Loki observaba la escena en completo silencio. Ais seguía sirviendo mesas como si nada. Lefiya estaba tan roja que parecía que iba a colapsar. Finn se masajeaba las sienes con resignación. Bete miraba la pizza con más interés que la conversación.
"Hmm…" El autor fingió pensarlo, dándole un par de vueltas a una caja de pizza vacía en la mano.
Loki sonrió confiada.
Y entonces él respondió: "Nah."
Loki dejó de parpadear. Su sonrisa confiada se congeló en su rostro mientras la realidad la golpeaba con la fuerza de un Minotauro enojado.
El sonido de algo partiéndose se escuchó en el aire. Era el corazón de Loki.
"¿N-Nah?" repitió con incredulidad.
El autor asintió con la cabeza mientras se servía un pedazo de pizza sin ninguna preocupación.
"¡Waaaaaah~!" Loki se dejó caer sobre la mesa, golpeando el mantel con los puños como una niña a la que le negaron su juguete favorito. "¡Era una oferta irresistible, maldita sea! ¿¡Qué clase de persona rechaza una oferta así!?"
Finn y Riveria suspiraron al unísono. Bete dejó escapar una carcajada, mientras Lefiya aún estaba roja, aunque ahora por el espectáculo que estaba dando su diosa.
El autor se encogió de hombros. "Mira, no es nada personal. Solo que si fuera tu chef personal, entonces tendría que hacerlo para todas las Familias poderosas de Orario. Y no quiero terminar cocinando para todo el mundo como si fuera un esclavo de la cocina."
Loki se limpió una lágrima dramática. "¡Pero mi pizzaaa~!"
El autor le dio un par de palmaditas en la cabeza, lo que provocó que Loki se quedara quieta como un gato sorprendido.
"Puedes venir cuando quieras," le dijo con una sonrisa. "Nunca faltará una mesa para ti ni para ninguno de los ejecutivos de tu Familia."
Los ojos de Loki brillaron. "¿En serio?"
"Sí."
Loki se enderezó de inmediato, recuperando su actitud despreocupada. "Oh, bueno, ¡eso cambia las cosas! Supongo que puedo compartir la grandeza con los demás." Se limpió la nariz con la manga y se sirvió otro pedazo de pizza como si no hubiera lloriqueado como una niña hace unos segundos.
Finn apoyó la cabeza en su mano con resignación. "Y así de fácil, ¿eh?"
"Al menos ya no está llorando," murmuró Riveria.
El autor miró a su alrededor con satisfacción. Su pizzería estaba oficialmente aprobada por la Familia Loki.
Las puertas del restaurante se abrieron de golpe, y un grupo de chicas familiares para el autor entró como si fueran las dueñas del lugar.
Era el equipo completo de la Anfitriona de la Fertilidad.
Syr, Ryuu, Chloe, Anya y Lunoire entraron con la seguridad de aventureros de nivel 6, a pesar de que sus uniformes de sirvientas seguían puestos.
El autor parpadeó. "¿No deberían estar trabajando?"
Syr le dedicó una sonrisa angelical. "Oh, no te preocupes. Hicimos un trato con Mia para poder venir aquí."
"¿Qué tipo de trato?"
Ryuu tomó asiento con la elegancia de una guerrera, ignorando el hecho de que todavía llevaba su delantal. "Le prometimos que le traeríamos pizza."
El autor sintió un escalofrío recorrer su espalda. Por alguna razón, podía imaginarse a la dueña de la taberna cruzada de brazos, esperando en la barra como una jefa de la mafia que esperaba su tributo.
"Supongo que eso explica por qué están aquí…" murmuró.
Anya, por su parte, ya estaba olfateando el aire como un gato en busca de su presa. "¡Huele delicioso, nya~! ¡Dame una grande con extra de carne!"
Chloe, siempre oportunista, se sentó junto a Loki y le lanzó una mirada pícara. "Mi, mi~ ¿Quién diría que nos encontraríamos aquí, diosa?"
Loki le devolvió la mirada con una sonrisa igual de traviesa. "Parece que las grandes mentes piensan igual, je~"
Mientras tanto, Lefiya estaba en crisis. Su diosa ya era difícil de controlar, pero ahora tenía a las chicas de la taberna cerca. Su día iba de mal en peor.
El autor se cruzó de brazos. "Bueno, tomen asiento. Ais les tomará la orden."
Ais, que estaba de pie con su libreta, asintió sin decir nada.
Las chicas se congelaron.
"… ¿Ais Wallenstein en un uniforme de camarera?" susurró Lunoire.
Chloe se llevó una mano a la boca. "Esto… esto es demasiado valioso."
Syr sonrió suavemente. "Este restaurante es una bendición."
Las chicas de la Anfitriona de la Fertilidad se acomodaron en la mesa, intercambiando miradas de incredulidad mientras observaban a Ais, quien esperaba pacientemente con su libreta en mano.
Ryuu, siendo la más estoica del grupo, intentó mantener la compostura… pero incluso ella parecía algo descolocada. "No esperaba verte en esta posición, Ais."
Ais inclinó ligeramente la cabeza. "El autor me pidió ayuda."
"… Y por supuesto aceptaste sin dudarlo." Ryuu suspiró.
Syr sonrió con astucia. "Fufu~ Parece que tiene mucho poder de persuasión."
El autor interrumpió con un movimiento de manos. "No necesito poder de persuasión cuando ofrezco algo tan maravilloso como la pizza."
Chloe apoyó los codos en la mesa y le dirigió una mirada felina. "¿Y si en vez de pagar, te pagamos con amor, cariño~?"
Loki golpeó la mesa. "¡Oye, esa oferta era mía!"
"Entonces estamos en competencia, diosa."
Mientras las dos intercambiaban miradas desafiantes, Lefiya parecía estar al borde del colapso. Ver a su diosa y a la mujer-gata-pervertida en la misma mesa conspirando no auguraba nada bueno.
El autor suspiró y miró a Ais. "Mejor toma su orden antes de que esto se descontrole."
Ais asintió y miró al grupo. "¿Qué desean ordenar?"
La espada viviente de la familia Loki con uniforme de camarera y un tono serio… Las chicas de la taberna sintieron que algo dentro de ellas colapsaba.
Anya fue la primera en reaccionar. "¡Una grande con extra carne, nya~! ¡Y una soda grande!"
Chloe sonrió. "Yo quiero lo mismo, pero con un extra de queso."
Lunoire levantó la mano. "Una margarita, por favor."
Ryuu, fiel a su disciplina, respondió con calma. "Una mediana de vegetales estará bien."
Syr pensó por un momento y sonrió. "Yo quiero una de champiñones y aceitunas."
Ais tomó nota con diligencia y luego miró a Loki. "¿Y tú?"
Loki, aún recuperándose de su derrota verbal contra Chloe, murmuró. "Otra de queso…"
El autor chasqueó los dedos y en cuestión de segundos, las pizzas empezaron a salir de la cocina.
Las chicas se quedaron boquiabiertas.
Syr entrecerró los ojos con curiosidad. "Eso… fue increíblemente rápido."
El autor sonrió con superioridad. "Este es un establecimiento de máxima eficiencia."
Ryuu tomó una rebanada de su pizza con la elegancia de una elfa y le dio un mordisco. Su expresión se mantuvo neutral por unos segundos… hasta que cerró los ojos y asintió. "Esto… es bueno."
Anya ya estaba devorando su pizza como si no hubiera un mañana. "¡Está demasiado buena, nya~!"
Lefiya, en cambio, parecía más ocupada observando a Ais, quien comía su pizza con una tranquilidad inquebrantable.
Syr sonrió "Definitivamente valió la pena venir aquí."
El autor cruzó los brazos y asintió con satisfacción. Su plan de dominación gastronómica avanzaba sin problemas.
El autor, viendo a Anya devorar su pizza con puro entusiasmo felino, no pudo resistirse. Se acercó y le dio unas suaves palmaditas en la cabeza.
Anya se quedó congelada por un segundo, como si su cuerpo tuviera que procesar lo que estaba ocurriendo. Luego, de manera completamente involuntaria, empezó a ronronear con una intensidad que haría que cualquier gato real se sintiera amenazado.
Chloe se echó a reír. "¡Mira eso! ¡Se volvió un gato de verdad, nya~!"
Lunoire la observó con una mezcla de fascinación y horror. "No sabía que podía hacer eso."
Ryuu, con su impecable control, intentó ignorar la situación y concentrarse en su pizza. Pero la verdad era que el ronroneo de Anya estaba resonando demasiado fuerte en el restaurante.
Syr, apoyando el mentón en su mano, miró al autor con una sonrisa traviesa. "Eres bueno domesticando gatos."
El autor sonrió con autosuficiencia. "Es un talento natural."
Anya, dándose cuenta de que todas la estaban viendo, se sonrojó y sacudió la cabeza rápidamente, intentando borrar la evidencia de su momentánea transformación en felino ultra realista. "¡N-no es nada, nya~! ¡Solo estaba disfrutando la pizza!"
Loki, con una gran sonrisa y los ojos entrecerrados, señaló a la gata con burla. "Je~ Ya te descubrieron."
Chloe se acercó al autor con una mirada juguetona. "¿Y si me acaricias a mí también, cariño~? A ver si también empiezo a ronronear."
El autor solo la miró con una ceja levantada.
"…Lo intente." Chloe se encogió de hombros.
Mientras tanto, Anya aún intentaba ocultar su vergüenza, tomando grandes bocados de pizza para distraerse, pero el daño estaba hecho. Desde ese día, nadie podría verla sin recordar que, en el fondo, era un gato 100% real no fake.
El autor, con una mano en la cintura y la otra señalándose a sí mismo, miró a las chicas con expresión confiada.
"Bueno, dejando de lado el hecho de que Anya acaba de revelar su verdadera naturaleza gatuna… ¿Cómo me veo? ¿Este atuendo me queda bien?"
El silencio fue inmediato.
Las chicas de la taberna lo observaron de arriba abajo. Su vestimenta no tenía absolutamente nada de especial: una camisa negra, pantalones cómodos y un delantal del restaurante. Nada extravagante. Nada que llamara demasiado la atención.
Lunoire inclinó la cabeza con confusión. "¿Por qué preguntas eso?"
El autor sonrió con autosuficiencia. "Porque necesito saber si proyecto la imagen de un chef profesional y misterioso."
Syr apoyó la mejilla en su mano, fingiendo estar pensativa. "Mmm… más bien pareces un mesero genérico."
"Parece que solo te pusiste lo primero que encontraste, nya~," agregó Chloe con una risita.
Loki entrecerró los ojos con burla. "Sí, no te ves como un chef misterioso, más bien como un tipo que trabaja aquí porque no le quedó de otra."
El autor puso una expresión de traición absoluta. "Eso fue innecesario."
Anya, aún con la boca llena de pizza, lo observó fijamente, masticó lentamente y luego asintió con solemnidad.
El autor la miró con expectativa. "¿Eso significa que sí me veo bien?"
Anya tragó y respondió sin piedad: "No, nya~."
El autor llevó una mano a su pecho como si hubiera recibido un golpe. "¡Anya!?"
Ryuu, que hasta ahora había estado callada, tomó su bebida con calma y habló con seriedad. "Si buscas proyectar profesionalismo, quizá deberías usar algo más acorde. Como un uniforme de chef."
El autor suspiró y se cruzó de brazos. "¿Un uniforme de chef, eh…?"
Las chicas asintieron al unísono.
"Muy bien," dijo el autor, sacudiendo los hombros como si se preparara para una transformación.
Y en el siguiente parpadeo…
¡POOF!
Apareció vestido con un uniforme de chef excesivamente elegante, con un gorro de chef exageradamente alto y una capa roja ondeando dramáticamente detrás de él.
La taberna entera lo observó en silencio.
Chloe parpadeó varias veces. "Eso es… ¿un uniforme de chef?"
El autor posó heroicamente. "Sí."
"¿Por qué tienes capa?" preguntó Syr.
El autor sonrió con confianza. "Porque soy un chef con estilo."
Loki se llevó una mano a la cara, conteniendo la risa. "Dioses, este tipo…"
Anya, con los ojos brillando de diversión, levantó el pulgar. "¡Ahora sí pareces profesional, nya~!"
El autor asintió satisfecho. "Sabía que tenía razón."
El autor, viendo que su primer intento fue bien recibido, decidió llevar la experimentación un paso más allá.
Con una sonrisa de satisfacción, chasqueó los dedos.
¡POOF!
Ahora vestía un esmoquin negro con una rosa roja en el pecho y unas gafas oscuras.
"¿Qué tal?" preguntó con voz profunda, inclinando un poco la cabeza.
"Pareces un mafioso," comentó Lunoire con una ceja alzada.
"No, no, no. Soy un chef de élite que cocina en restaurantes clandestinos," corrigió el autor, levantando un dedo como si estuviera impartiendo sabiduría.
Antes de que alguien pudiera responder, volvió a chasquear los dedos.
¡POOF!
Ahora tenía un traje de pollo gigante.
"…¿Por qué?" preguntó Anya, visiblemente confundida.
"¿Y por qué no?" respondió el autor con naturalidad.
Las chicas solo lo miraron en silencio.
Chasqueó los dedos otra vez.
¡POOF!
Ahora vestía un ridículo conjunto de chef con un gorro tres veces más grande de lo normal y un delantal que decía "Besuquea al chef" con letras brillantes.
Chloe siseó entre risas. "Nya~… ahora sí pareces un personaje sacado de una parodia."
El autor infló el pecho con orgullo. "¡Exacto! Un chef no solo debe saber cocinar, sino entretener."
Las chicas soltaron una carcajada.
Pero él no había terminado.
¡POOF!
Ahora llevaba una túnica blanca con estrellas doradas y una varita mágica en la mano.
"¡Soy el hechicero de los sabores!" exclamó, agitando la varita.
"Esas no son estrellas, son huevos fritos estampados," señaló Syr.
El autor miró su propia túnica.
"…Ok, sí, este fue un error."
Y entonces… llegó la última transformación.
Y cuando ocurrió, la atmósfera cambió de golpe.
¡POOF!
El autor apareció con una vestimenta diferente a todas las anteriores. Un conjunto de armadura ligera y una espada en la cintura. Su cabello, que usualmente no tenía nada especial, ahora era rojo brillante, igual al de alguien a quien ya no deberían poder ver.
Las chicas lo miraron con curiosidad… hasta que Ryuu lo vio.
Y se quedó completamente petrificada.
Sus ojos se abrieron con shock absoluto, el color desapareció de su rostro y su respiración se detuvo por un instante.
Las demás chicas se dieron cuenta de su reacción.
"¿Ryuu?" preguntó Syr con preocupación.
Pero Ryuu no respondió.
Ella no veía al autor.
Ella veía a Alise Lovell.
Pero en versión masculina.
El mismo cabello rojo. La misma postura confiada. La misma aura de determinación. Incluso la forma en la que estaba parado era idéntica.
Los recuerdos se dispararon en su mente sin control.
El fuego.
La sangre.
El último día de la Familia Astrea.
El sacrificio de Alise.
El peso en su pecho se volvió insoportable.
"…"
El autor notó que algo andaba mal.
Bajó la mirada y se dio cuenta de en qué se había transformado.
Y en cuanto vio el rostro de Ryuu… su expresión se volvió seria.
Las otras chicas no entendían qué estaba pasando, pero el ambiente se sintió pesado.
El autor mantuvo el disfraz por unos segundos más, lo suficiente para notar el cambio en la expresión de Ryuu. Su semblante, normalmente estoico, estaba quebrado.
Sus ojos estaban abiertos como platos, fijos en él, pero no viéndolo realmente. Era como si su mente estuviera en otro lugar, en otro tiempo.
Las demás chicas, aunque no entendían completamente lo que sucedía, sintieron la tensión en el aire. Incluso Chloe y Anya, que siempre tenían un comentario listo, permanecieron en silencio.
El autor frunció el ceño.
Había sido un error.
Con un chasquido de dedos, su vestimenta volvió a la normalidad.
"Perdón," dijo en voz baja.
Ryuu parpadeó.
El autor ya no tenía el cabello rojo. Ya no llevaba la armadura de Alise. Ya no parecía ella.
Pero la imagen seguía grabada en su cabeza.
Los recuerdos de aquella noche fatal, la desesperación, el horror de ver a sus compañeras caer una a una… y a Alise, su capitana, siendo la última en quedarse atrás.
La elfa cerró los ojos y respiró profundo.
No podía permitirse perder la compostura aquí.
No otra vez.
"…No pasa nada," dijo finalmente, con voz algo tensa.
El autor la miró por un momento más. No era tonto. Sabía que sí pasaba algo.
Pero no insistió.
"Está bien," respondió simplemente, con su tono volviendo a la normalidad. "Olvidemos esto."
El ambiente en la taberna poco a poco empezó a relajarse.
Las demás chicas, aunque aún algo confundidas, dejaron el tema pasar y trataron de retomar la conversación.
Chloe fue la primera en hablar. "Nya~ pero entonces, ¿qué fue eso? ¿Un hechizo para traumar gente?"
El autor suspiró y se cruzó de brazos. "Nah, fue un error de cálculo. No volverá a pasar."
Syr lo miró con una leve sonrisa, aunque sus ojos aún reflejaban cierta preocupación por Ryuu.
"…Menos mal," dijo en tono ligero. "Sería un problema si empezaras a sacar recuerdos de la nada."
El autor levantó una ceja. "Nah, no puedo hacer eso. A menos que…"
Las chicas lo miraron con una mezcla de interés y amenaza implícita.
"…A menos que quiera hacerlo," terminó con una sonrisa traviesa.
"¡NO LO HAGAS!" exclamaron todas al unísono.
El autor soltó una carcajada.
El ambiente ya se sentía más relajado.
Pero Ryuu, aunque había logrado calmarse, seguía sintiendo un peso en el pecho.
Porque por un instante…
Por un mísero instante…
Había sentido que Alise estaba de vuelta.
Las risas y las bromas llenaban la taberna, las chicas seguían bromeando con el autor sobre sus elecciones de vestimenta, e incluso Loki se había unido al grupo en algún momento, probablemente atraída por la comida gratis.
Pero Ryuu…
Ryuu no reía.
Ella intentaba actuar normal, con su misma expresión tranquila y distante de siempre, pero cualquiera que la conociera bien podría notar que algo estaba mal.
Syr, que siempre tenía un ojo puesto en ella, le dio una mirada rápida antes de acercarse.
"Ryuu," dijo en voz baja, lo suficientemente discreta para que los demás no la escucharan.
La elfa parpadeó y la miró.
"¿Estás bien?"
Una pregunta simple.
Pero Ryuu tardó en responder.
"…Sí."
Syr no le creyó.
Pero tampoco la presionó.
En cambio, solo le dio una leve sonrisa. "Si necesitas hablar, ya sabes dónde encontrarme."
Ryuu asintió, agradecida por no tener que explicar nada en este momento.
Pero mientras las risas continuaban a su alrededor, la sensación en su pecho no desaparecía.
La imagen del autor con el cabello rojo y aquella sonrisa confiada seguía grabada en su mente.
Y por más que tratara de ignorarlo…
El peso de los recuerdos no se desvanecía.
Con la noche avanzando, uno a uno los clientes comenzaron a marcharse. Loki, satisfecha con su comida pero aún frustrada por no haber conseguido exclusividad en la pizza, fue la primera en retirarse con su familia. Ais, con su uniforme de camarera aún puesto, pareció debatirse por un momento antes de finalmente despedirse con una leve inclinación de cabeza.
Las chicas de la taberna, ahora con un nuevo brillo en sus ojos tras haber probado la pizza, decidieron que no podían regresar con las manos vacías. Así que antes de irse, se aseguraron de llevarse una para su jefa.
"Si no le llevamos una, nos mata," comentó Lunoire con una risa nerviosa mientras equilibraba cuidadosamente la caja.
"¿Qué dices, nya? ¡Seguro nos hace trabajar el doble si le gusta mucho!" añadió Anya, meneando las orejas de forma juguetona.
Syr solo sonrió. "Bueno, al menos esta vez tendremos una buena excusa si llegamos tarde."
Con eso, el grupo se despidió del autor y salió por la puerta, desapareciendo en la oscuridad de la ciudad.
El autor se quedó unos segundos en la entrada del restaurante, viendo cómo las luces de Orario titilaban a lo lejos.
El día había sido caótico.
Divertido, sí, pero caótico.
Y a pesar de eso… había una sensación de satisfacción en el aire.
Suspirando, cerró la puerta del establecimiento y decidió que era hora de descansar.
…
Ryuu llegó a su cuarto en la taberna sin decir una palabra. Normalmente, el cansancio del día la arrullaría rápidamente, pero esta vez no era así. Se recostó en su cama, mirando el techo, sintiendo el peso de un pensamiento persistente en su mente.
El rostro del autor, o más bien, el de su antigua capitana reflejado en él, seguía apareciendo cada vez que cerraba los ojos. Era un parecido demasiado exacto. No solo en la apariencia, sino en la postura, la confianza despreocupada… incluso la sonrisa burlona tenía ese toque de familiaridad que la inquietaba.
Ryuu giró en la cama y suspiró.
"No puede ser…"
Era absurdo, ¿verdad? Alise estaba muerta. Lo había visto con sus propios ojos. Pero por un breve momento, la imagen que se le presentó había sido tan real que su corazón se detuvo.
Se cubrió los ojos con el brazo, tratando de calmarse.
"No es ella," murmuró en voz baja, como si decirlo en voz alta ayudara a hacerlo más cierto.
Pero incluso así… no podía dormir.
Ryuu se incorporó de golpe en su cama al escuchar el leve clink de algo golpeando la madera de su mesa.
Su mirada se dirigió de inmediato hacia la fuente del ruido. Ahí, sobre la superficie de la mesa, había una pequeña piedra con un papel adherido a ella. Su instinto la hizo ponerse en guardia, pero no sentía ninguna presencia hostil, solo… algo desconocido.
Con cautela, se levantó, avanzó hasta la mesa y tomó la piedra con una mano, despegando la nota con la otra.
"Esto te permitirá hablar con ella. Es mi forma de decir perdón."
Ryuu frunció el ceño.
Qué…
Su agarre se tensó alrededor de la piedra mientras su mente intentaba descifrar el significado del mensaje. ¿Hablar con ella? ¿A qué se refería con eso? ¿Quién le había dejado esto?
Sus pensamientos regresaron de inmediato al autor. Él había sido quien provocó ese recuerdo, quien tomó la apariencia de Alise, aunque fuera por accidente.
Pero… ¿esto?
Miró la piedra con desconfianza, su corazón latiendo con fuerza.
No puede ser…
Pero, al mismo tiempo, una pequeña llama de esperanza se encendió en su interior. Porque si realmente significaba lo que ella estaba pensando…
Ryuu tragó saliva. No sabía qué hacer.
Con la piedra aún en la mano, Ryuu se quedó en silencio, contemplando la pequeña roca que tenía entre los dedos. Sus pensamientos se centraron en Alise, su antigua capitana, la que había perdido hace tanto tiempo. Esa imagen de su rostro sonriente, de su valentía y de cómo siempre confiaba en ella… Todo eso invadió su mente, llevándola a un lugar oscuro donde la tristeza y la culpa se mezclaban.
De repente, una voz le interrumpió los pensamientos. Una voz que hizo que su corazón se detuviera por un momento, como si todo el tiempo que había pasado sin ella fuera irrelevante.
"¿Eres tú, Lion?"
Ryuu dio un respingo y giró rápidamente, mirando hacia la fuente del sonido. La sorpresa la paralizó por un instante.
Ahí, frente a ella, se materializaba una figura translúcida. Una figura que tenía la misma presencia, la misma postura, la misma mirada. Alise, con su rostro sereno y su cabello largo, parecía estar frente a ella como si el tiempo nunca hubiera pasado.
Ryuu no pudo evitarlo. Sus ojos se llenaron de lágrimas de inmediato. Su cuerpo tembló ligeramente, y el llanto comenzó a brotar de ella, incontrolable. Las lágrimas caían sin cesar, como si toda la carga que había llevado sobre sus hombros durante tanto tiempo se derramara de golpe. No podía creerlo.
"Alise… ¡Alise!" murmuró entre sollozos, su voz quebrada por el dolor y la sorpresa.
Alise, aunque espectral, sonrió dulcemente. "Lion, no llores… Estoy aquí, no estoy tan lejos."
Pero la sensación era tan abrumadora que Ryuu apenas podía contener sus emociones. Quería correr a abrazarla, pero sabía que no podía. Alise ya no era la misma. Ella ya no estaba allí, no en cuerpo. Pero su presencia, su esencia, aún persistía en alguna forma.
"Te he extrañado tanto, Alise… He fallado tanto…" susurró Ryuu, mientras las lágrimas caían con más fuerza.
Alise la miró con comprensión y ternura, acercándose un paso, aunque su figura continuaba difusa. "No has fallado, Ryuu. Has hecho todo lo que has podido. Pero ahora… tienes que seguir adelante. Yo siempre estaré contigo, en tu corazón."
Esas palabras hicieron que el llanto de Ryuu se intensificara, pero ahora había algo más en él. Ya no era solo tristeza, sino también una extraña sensación de alivio, como si las palabras de Alise hubieran abierto una puerta que Ryuu había mantenido cerrada todo este tiempo.
"Prometí que protegería a todos… Pero nunca pude salvarte…" murmuró, su voz llena de pesar.
Alise pareció pensar por un momento antes de responder. "A veces, no todo está en nuestras manos, Ryuu. Lo único que podemos hacer es seguir adelante, con fuerza, y recordar lo que fue importante. Yo sé que lo harás, porque eres más fuerte de lo que crees."
Ryuu la miró, sus ojos empapados, pero en su pecho había algo nuevo: una chispa de esperanza. Aunque Alise ya no estaba en cuerpo, su presencia le daba el consuelo que tanto necesitaba. Quizás no podía salvarla, pero podía honrar su memoria, seguir adelante como ella siempre había querido.
"Gracias, Alise…" dijo, con la voz aún quebrada, pero con una sonrisa tímida en su rostro. "Te prometo que seguiré adelante. No voy a olvidarte."
La figura de Alise sonrió una última vez antes de desvanecerse lentamente, como si el viento la hubiera llevado. Sin embargo, su voz quedó resonando en los oídos de Ryuu, como un susurro:
"Te quiero, Lion. Y siempre estaré contigo, las demás también."
Con esas últimas palabras, la figura de Alise desapareció por completo, dejando a Ryuu sola, pero con el corazón más ligero, sabiendo que, de alguna forma, su capitana siempre estaría a su lado.
Con el último susurro de Alise en sus oídos, Ryuu miró la piedra que aún sostenía en su mano. La sensación de consuelo que había experimentado en ese momento era suficiente para calmar el torbellino de emociones que había estado arrastrando durante tanto tiempo.
La piedra, que había sido el vínculo entre el mundo de los vivos y el de los recuerdos, comenzó a desvanecerse lentamente, como si hubiera cumplido su propósito. Primero, su brillo comenzó a apagarse, hasta que se desintegró por completo, despojando a Ryuu de cualquier vestigio material de aquel encuentro.
Pero ya no le importaba. Ya no necesitaba esa piedra. El verdadero regalo había sido las palabras de Alise, que le daban la fuerza para seguir adelante. La conexión que había sentido en ese momento, aunque fugaz, había logrado sanar muchas de las heridas que llevaba en su alma.
Con una ligera sonrisa en el rostro, Ryuu se dejó caer sobre su cama. No estaba completamente libre de dolor, pero ahora sabía que no estaba sola. Alise seguiría con ella, de alguna forma. No se trataba de un adiós definitivo, sino de un recordatorio de lo que había sido y lo que aún quedaba por hacer.
Cerró los ojos, sintiendo que, por primera vez en mucho tiempo, podría descansar en paz. Sabía que el camino no sería fácil, pero también sabía que tenía la fuerza para caminarlo, como Alise siempre había creído en ella.
La figura de su capitana ya no la acechaba en sus pensamientos como un fantasma, sino como una guía silenciosa en su corazón. Y con esa certeza, Ryuu se permitió finalmente relajarse, dejando que el sueño la envolviera.
El peso de la tristeza, aunque no completamente desaparecido, ya no era tan abrumador. Y cuando cerró los ojos, sabía que la paz que tanto había buscado finalmente había llegado, de la manera más inesperada.
…
Un tiempo antes…
El autor, en modo espectador, observaba a Ryuu desde su rincón invisible, como si fuera el director de una obra de teatro. Al principio, todo había ido bien, pero cuando vio la cara de Ryuu al final, un sudor frío recorrió su espalda.
"¡Oh, mierda! ¿En serio hice eso?" murmuró para sí mismo, viendo cómo Ryuu, congelada y visiblemente afectada, se había retirado a su cuarto. El autor rió nerviosamente, restándose importancia mientras se frotaba la nuca. "Vale, tal vez no fue el mejor momento para hacer un cosplay de Alise… sobre todo cuando no es ni un cosplay decente."
A pesar de su intento por hacer que todo fuera divertido, ahora se daba cuenta de que había tocado un nervio sensible. No había considerado que ver a Alise —aunque fuera en versión masculina— podría ser tan… intenso para Ryuu. "Supongo que la gente no se divierte tanto cuando haces cosplay de sus seres queridos muertos. Lo tomaré en cuenta para la próxima vez", pensó mientras observaba a Ryuu.
El autor hizo una mueca y dejó escapar un suspiro de alivio cuando vio que Ryuu finalmente se tranquilizaba en su habitación. "Bueno, al menos no explotó en lágrimas mucho tiempo. Eso es algo, ¿no?" murmuró, mientras se daba cuenta de que había, de alguna manera, hecho algo bien en medio de su caos.
"Eso sí, cuando esto termine… tengo que pedir disculpas en serio. Pero no será hoy, ¡ahora voy a descansar!" El autor se teletransportó al instante a otro lugar, sin pensarlo dos veces, y dejó a Ryuu con su piedra mágica y su momento de calma, porque, sinceramente, después de todo esto, necesitaba un descanso.