Emma
Se me llenan los ojos de lágrimas en el momento en que vuelvo a abrir el viejo libro.
Me tiemblan las manos mientras lo sostengo con cuidado, casi con miedo de que se me deshaga entre los dedos.
Miro fijamente la página donde está escrito el nombre de mi padre con una tinta pulcra y desvaída, y a su lado, una fecha que para mí no significa nada y todo al mismo tiempo.
Esa única línea es todo lo que tengo de él, solo un nombre y una fecha. Nada más.
Una lágrima se escapa, cae sobre el papel y se extiende lentamente, manchando las palabras como una nube oscura sobre su nombre. Sorbo con fuerza por la nariz, intentando reprimir la tristeza, y me seco los ojos bruscamente con el dorso de la mano.
La manga de la camisa está húmeda, pero no me importa. Cierro el libro con delicadeza, lo deslizo de nuevo en el cajón donde ha permanecido oculto durante años y lo cierro de un empujón.