Rebelión contra el Cielo - Part 17

Capítulo 17: El Último Saqueo

Ryuusei se quedó inmóvil por un momento, sintiendo el aire pesado del lugar que alguna vez lo tuvo encadenado. Ya no era un Heraldo Bastardo. Esa etiqueta se había esfumado junto con la estructura que mantenía el viejo orden. Respiró profundo, cerró los ojos y, por primera vez en años, sintió que el peso en su pecho desaparecía.

No se trataba solo de rebelarse, de destruir las cadenas que lo ataban, sino de construir algo nuevo a partir de su propia voluntad. Hasta ese momento, siempre había sido definido por otros: un bastardo, un sirviente, un intruso. Pero ahora, en medio de las ruinas de su antigua prisión, se dio cuenta de que era él quien debía definir quién era. Y al aceptar esa verdad, sintió cómo su cuerpo se aligeraba, como si el mundo entero se abriera ante él por primera vez.

El concepto de hogar, de pertenencia, se desvanecía con cada segundo que pasaba allí. Antes, este lugar representaba todo lo que conocía, incluso si lo odiaba. Pero ahora entendía que su hogar nunca había estado aquí, ni en ningún otro sitio físico. Su hogar era su propio camino, sus propias decisiones, su derecho a forjar su destino.

Ryuusei abrió los ojos. En su mirada ya no había duda ni rencor, solo una certeza inquebrantable. El mundo no era una celda; era un océano infinito, esperando a ser navegado. Y por primera vez en su vida, se sintió verdaderamente vivo.

Lara, lo miró con una sonrisa que escondía algo más que simple resignación.

—Ryuusei, destruiste el orden de los Heraldos. Pero el equilibrio es un ciclo inquebrantable. En unos años va haber otro terremoto, y surgirán nuevos Heraldos Supremos. Y esta vez, espero que sean leales.

Sus palabras eran una advertencia y, al mismo tiempo, una aceptación de lo inevitable. Ryuusei no contestó. Sabía que el mundo no se quedaría quieto por su revolución, pero no le importaba. Su guerra era personal.

Lara, ya cansada de su presencia, le arrojó un pergamino con la información de todas las personas con habilidades especiales.

—Lárgate. Ya no tienes nada que hacer aquí.

Los Heraldos comunes lo observaban con odio. Voces desgarradas le escupían insultos:

—¡Vete, basura! —¡Largo de aquí, maldito traidor! —¡Mierda, ¿por qué sigues aquí?!

Ryuusei solo sonrió con frialdad.

— Quiero recorrer el lugar por última vez —dijo con tono desafiante.

Lara, más interesada en reparar el daño que en vigilarlo, desvió la mirada un momento. Fue la oportunidad perfecta. Sigilosamente, Ryuusei se escabulló hacia lo que alguna vez fue su oficina, ahora una bodega de reliquias. Su objetivo era claro: robar todo lo que pudiera servirle.

Ryuusei avanzó con cautela entre los estantes polvorientos, sus ojos recorriendo cada objeto con precisión de cazador. Sabía que no tenía mucho tiempo antes de que Lara notara su ausencia, así que debía actuar con rapidez. Sus dedos recorrieron la superficie de una vieja estantería de madera ennegrecida por los años, hasta que algo captó su atención: nueve piedras negras alineadas de forma casi ceremonial.

Las reconoció al instante. Esas gemas eran altamente codiciadas entre los Heraldos. Su poder no residía en la ofensiva ni en la defensa, sino en algo aún más valioso: la regeneración acelerada. Consumir una de ellas significaba que las heridas cerrarían en segundos, los huesos rotos se soldarían en minutos y el agotamiento físico se desvanecería con solo unos momentos de reposo. "Perfectas para los próximos miembros de mi grupo", pensó, con una sonrisa satisfecha. Sin dudarlo, las recogió y las guardó en su capa.

Pero su búsqueda no terminó ahí. Sabía que este lugar guardaba más secretos de los que los Heraldos Supremos alguna vez quisieron admitir. Continuó explorando, apartando frascos rotos, manuscritos ilegibles y armas corroídas por el tiempo, hasta que su mirada se posó en un pequeño artefacto envuelto en finos grabados de runas antiguas. Se trataba de lo que más necesitaba en ese momento: un traductor arcano.

Ryuusei suspiró con alivio. Desde que había expandido su mundo, el idioma se había convertido en una barrera constante. Él solo dominaba el japonés, y ahora estaba rodeado de lenguas que apenas comprendía. Este artefacto podía solucionar eso. Con rapidez, descifró las instrucciones grabadas en su superficie: el mecanismo funcionaba adaptando las palabras de su entorno directamente en su mente, permitiéndole comprender cualquier idioma hablado o escrito sin esfuerzo. No podía dejar pasar algo tan valioso. Sin más demora, lo activó y lo guardó junto a las piedras negras y de paso tomo más para los integrantes y se puedan comunicar entre todos.

Sin embargo, algo en su interior le decía que aún había más por descubrir. Volvió a escanear la habitación, esta vez con mayor detenimiento. No tardó en encontrar lo que buscaba: un pequeño cofre cubierto con inscripciones selladas. Lo abrió con cautela, y sus ojos se iluminaron al ver su contenido.

Dentro, descansaban nueve piedras verdes. A simple vista, parecían similares a las negras, pero su función era completamente distinta. Estas gemas no otorgaban regeneración, sino algo mucho más peligroso: amplificaban temporalmente el poder de quien las consumía. Eran piedras de potenciación, capaces de hacer que un guerrero multiplicara su fuerza, velocidad o percepción durante un tiempo limitado. Su efecto era inestable y peligroso, pues el cuerpo no estaba diseñado para soportar tal aumento de energía. Sin el control adecuado, una sobredosis podía desgarrar los músculos, colapsar los órganos o incluso desatar una sobrecarga que consumiera al usuario desde adentro.

Eran un arma de doble filo. Pero en las manos adecuadas, podían ser una ventaja imposible de contrarrestar. Ryuusei no podía dejarlas atrás.

Y entonces, cuando pensaba que había agotado las riquezas de este lugar, un brillo sutil en un rincón oscuro captó su atención. Se acercó y retiró la gruesa capa de polvo que cubría un conjunto de rocas de invocación. Su sorpresa creció cuando comprendió lo que eran.

No se trataba de simples piedras. Eran 26 rocas de invocación, cada una sellando en su interior un Heraldo altamente entrenado. La esencia de guerreros de élite estaba contenida en estas reliquias, convertidas en cartas de invocación que permitían desatar su poder en el momento adecuado.

Ryuusei sintió una mezcla de satisfacción y burla al sostenerlas en sus manos. "Si ellos destruyeron mi hogar, yo me llevaré lo que es importante de mi ex casa", pensó con ironía. Con cada objeto que tomaba, sentía que estaba cobrando su venganza, pieza por pieza.

Pero justo cuando pensó que ya era suficiente, una corriente de aire removió un viejo pergamino que cayó a sus pies. Casi como si el destino mismo lo estuviera guiando. Intrigado, lo recogió y lo desenrolló con cautela. Su corazón latió con fuerza al leer su contenido: era un mapa detallado de una base secreta en Canadá.

Sin embargo, lo más sorprendente no era su ubicación, sino su naturaleza. Según la información escrita, esta no era una base cualquiera. Se trataba de una tortuga viviente, una criatura colosal cuyo caparazón había sido modificado para convertirse en una fortaleza móvil de alta tecnología. Lo más increíble de todo era que, hasta donde indicaban los registros, seguía oculta del mundo.

Ryuusei sintió una oleada de adrenalina recorrer su cuerpo. Esto era más que suficiente. Si aquella base realmente existía, podría convertirse en el refugio perfecto: un lugar donde reagruparse, fortalecer su equipo y planear su próximo movimiento sin la amenaza constante de sus enemigos.

No tenía más tiempo que perder. Guardó el pergamino con rapidez y, sin mirar atrás, se lanzó a la fuga a toda velocidad.

—Así que mi querido Ryuusei me roba cosas... Qué divertido —dijo Lara, divertida, con un brillo fascinante en los ojos.

Con un sutil movimiento de sus manos, la oscuridad a su alrededor cobró vida y de ella emergió un Heraldo Titán. Medía 3,43 metros de altura, pero no era un ser cualquiera. Este tenía un nombre: Snow.

—Snow, viejo amigo, tengo una misión para ti —dijo Lara con una mezcla de seriedad y expectativa—. Quiero que vigiles a Ryuusei y sigas cada uno de sus movimientos. Si en algún momento lo ves en peligro, ayúdalo. Y cuando creas que está listo, somételo al entrenamiento más duro y efectivo posible. Ryuusei aún es débil para este mundo… pero podría convertirse en el guerrero más legendario que la humanidad haya visto.

Hizo una pausa y miró fijamente al titán, como si pudiera ver el destino reflejado en sus ojos.

—Además… acabo de ver su futuro. Pobre chico… sufrirá mucho. En unos tres años logrará formar su propio grupo y se enfrentará a los Héroes en lo que será recordado como "La Guerra de los Rebeldes". Después, un ser del espacio llegará en busca de venganza. En su camino, conocerá a una chica aún más fuerte que él… y, si el destino así lo quiere, tendrán hijos. Hijos con la fuerza de muchos dioses. Pero antes de todo eso, habrá una batalla aún mayor… "La Guerra del Castigo Divino". Dos seres montados en dragones colosales harán temblar el cielo mismo, y solo uno quedará en pie. Tras esa batalla, el mundo vivirá 300 años de paz absoluta.

Lara sonrió con melancolía. Su expresión reflejaba tanto alegría como tristeza.

—Queridos Heraldos… —susurró con voz serena—. Lamentablemente, yo moriré… y será por alguien especial. Ya sé quién es.

Por primera vez en miles de años, una lágrima de alegría rodó por su mejilla.

Arco 3: Fugitivos del Destino

TERMINADO