Capítulo 4: Encuentro Inesperado
El aire en Moscú era gélido, pero a Ryuusei y Aiko no les molestaba. Después de todo lo que habían pasado, incluso el frío extremo parecía un problema menor. Esa noche, antes de retirarse al hotel, decidieron salir a explorar un poco y comer algo que no fuera la insípida comida de aeropuerto.
Encontraron un pequeño restaurante local, apartado de las zonas turísticas, donde las mesas de madera vieja y la iluminación tenue le daban un ambiente acogedor. Tomaron asiento en un rincón discreto, lejos de las miradas curiosas. Cuando les sirvieron los platos, Aiko no perdió tiempo y se lanzó sobre su porción de pelmeni como si no hubiera comido en días.
—La comida rusa no está nada mal —comentó entre bocados, con la boca llena—. Quizás cuando todo esto termine, abra un restaurante internacional. Takoyaki en Tokio, pelmeni en Moscú...
Ryuusei levantó una ceja.
—¿Y tacos en México?
Aiko asintió con entusiasmo.
—Exacto. Lo llamaría "Aiko's World Tour de la Comida".
Ryuusei soltó una pequeña risa y negó con la cabeza. Se sentía extraño compartir un momento tan normal en medio de todo lo que habían vivido. Pero su tranquilidad duró poco. Sintieron una mirada fija en ellos.
Disimuladamente, Ryuusei giró la cabeza y encontró a un hombre sentado en una mesa al fondo del restaurante. Alto, de cabello oscuro y ojos fríos. Vestía una chaqueta gruesa y tenía una cicatriz en la mejilla izquierda. No hacía ningún esfuerzo por ocultar que los observaba.
Aiko siguió su mirada y susurró:
—¿Amigo tuyo?
—Lo dudo —respondío en voz baja.
El hombre se levantó y caminó hacia ellos con pasos firmes, pero sin prisa. Su sola presencia imponía. Ryuusei y Aiko no hicieron ningún movimiento brusco, pero sus cuerpos se tensaron de manera instintiva.
El desconocido se detuvo junto a la mesa y los observó con una calma peligrosa antes de hablar.
—He estado investigando todo lo relacionado con Japón estos días —dijo en ruso, con un tono bajo pero autoritario—. Cuando Aurion declaró que los terroristas responsables del ataque en Tokio eran "Ryuusei y Aiko", revisé las imágenes. En ellas se ve a un chico de aproximadamente diecisiete años cargando a una niña moribunda de doce. Y ahora, en este mismo periodo de tiempo, se han reportado cuarenta y cinco vuelos desde Japón a Rusia… pero solo en uno hay un joven de diecisiete años y una niña de doce.
Se cruzó de brazos, mirándolos con frialdad.
—Sus pasaportes son falsificados. Rusia es un país muy seguro. Y yo soy uno de sus mejores agentes… así que, díganme, ¿qué hacen aquí realmente?
Ryuusei lo entendió perfectamente gracias al artefacto de traducción que había robado en Japón. Se tomó un segundo antes de responder en el mismo idioma.
—Tienes demasiadas preguntas para ser un simple cliente de restaurante.
El hombre sonrió ligeramente, aunque su mirada seguía siendo tan severa como al principio.
—Soy el agente Rubosky, del FSB —dijo, mostrando una insignia por un segundo antes de guardarla—. No voy a perder mi tiempo con rodeos. Sé que no son simples turistas, y ustedes saben que yo no soy un oficial cualquiera.
Aiko intercambió una mirada rápida con Ryuusei.
—Entonces, ¿qué quieres? —preguntó Ryuusei con calma.
Rubosky se inclinó ligeramente hacia ellos, bajando la voz.
—Un trato. Ayúdenme a encontrar a un mercenario antipatriótico que ha estado saboteando nuestras fuerzas militares. Es letal, nunca falla un disparo. Se llama Sergei Volkhov.
Ryuusei reprimió una sonrisa.
—Perfecto —pensó para sí mismo—, ya no tendré que buscarlo.
El aire en el restaurante se volvió tenso. Aiko miró al agente Rubosky con una mezcla de incomodidad y curiosidad, mientras Ryuusei mantenía su expresión inmutable.
—¿Y qué obtenemos a cambio? —preguntó Ryuusei sin revelar demasiado interés.
Rubosky sonrió con frialdad.
—Depende de lo bien que hagan el trabajo. Si me ayudan, no solo no reportaré su presencia aquí, sino que además les proporcionaré información que podría resultarles útil. Digamos que tenemos archivos que podrían interesarles.
Ryuusei fingía pensarlo, pero ya había tomado una decisión.
—Trato hecho —dijo finalmente.
Rubosky se relajó levemente y sacó un pequeño dispositivo de su chaqueta. Lo deslizo sobre la mesa.
—Esto es un rastreador que activamos en Volkhov hace unas semanas. No es constante, pero nos da su ubicación aproximada cuando se mueve. Ahora mismo, está en las montañas al este de Moscú. Su escondite está bien protegido, pero sé que ustedes encontrarán la manera de llegar.
Ryuusei tomó el dispositivo y lo examinó antes de guardarlo en su bolsillo.
—Nos encargaremos.
Rubosky se puso de pie y les dirigió una última mirada.
—No me hagan arrepentirme de este trato.
Llevó una mano a su oído y habló con calma.
—Señor presidente, ya cayeron. Inicien operación 24.
De inmediato, varios militares salieron de su escondite y los rodearon con armas listas para disparar. Ryuusei y Aiko apenas tuvieron tiempo de procesarlo.
Rubosky sonrió con frialdad.
—Fuerza 11, ya duérmanlos.
Un fuerte pinchazo en el cuello. Todo se volvió negro.