El Autor deambulaba por las calles de Orario, con las manos en los bolsillos y una expresión de aburrimiento absoluto en el rostro. Había hecho mucho en poco tiempo: le había dado a Ais un grito dracónico, metió a Hermes en un top de belleza femenina, desató una obsesión colectiva con la Coca-Cola, dejó a Hefesto en estado de desesperación por una espada que nunca más vería… y ahora no tenía ni idea de qué hacer.
"Tal vez debería hacer que la Torre de Babel gire como un trompo… Nah, muy obvio."
Miró a su alrededor. Aventureros iban y venían, comerciantes gritaban sus ofertas, y el bullicio de la ciudad seguía como siempre. Pero nada le llamaba la atención. Suspiró.
"¿Cómo es posible que tenga todo el poder narrativo del mundo y aun así me aburra?"
Pateó una piedra y la vio rodar hasta los pies de un niño que lo miró con curiosidad. El Autor le sostuvo la mirada por un momento… y luego le sacó la lengua, haciendo que el niño riera antes de salir corriendo.
"Bien, eso fue algo."
Pero no lo suficiente. Necesitaba algo más. Algo entretenido. Algo que valiera la pena.
Y entonces, escuchó un rugido.
Un rugido estomacal.
Se agarró el estómago. "Oh. ¿Así que el todopoderoso Autor también tiene hambre?"
Tal vez era hora de conseguir algo de comer.
Sin embargo, no tenía ganas de volver a la taberna. Por un lado, las chicas seguían demasiado obsesionadas con la Coca-Cola como para hacer su trabajo, y por otro… bueno, técnicamente él era la razón por la que estaban así.
Así que, ¿dónde podía conseguir comida sin que lo miraran raro o intentaran asesinarlo por una espada mítica que ya no existía en esta línea temporal?
Se quedó pensativo unos segundos.
"… Meh, ya lo descubriré sobre la marcha."
Y con eso, siguió vagando por la ciudad, sin saber aún qué desastre desataría a continuación.
El Autor apareció frente a la sede de la Familia Loki, mirando la enorme mansión con los brazos cruzados.
"Hmm… ¿Por qué estoy aquí otra vez?"
Silencio. Nadie le respondió, obviamente.
"Bueno, ya que estoy aquí, supongo que…"
Y sin más, empujó la puerta principal y entró como si fuera su casa.
El interior de la mansión estaba tan animado como siempre, con miembros de la familia yendo y viniendo, entrenando, discutiendo o simplemente relajándose. Sin embargo, en cuanto el Autor apareció en el salón principal, toda actividad se detuvo.
Loki, Ais, Tiona, Tione, Finn, Gareth, Riveria y Lefiya estaban reunidos en el centro de la sala, aparentemente discutiendo algo serio. Pero su conversación quedó en pausa cuando vieron al Autor.
"…Ah." Loki suspiró. "Otra vez tú."
El Autor se dejó caer en un sillón con toda la confianza del mundo.
"Sí, bueno, el aburrimiento es un gran motivador."
Finn entrecerró los ojos. "¿Viniste a hacer otro desastre?"
"¿Yo? Por favor, Finn, eso suena como si fuera un problema con patas."
Todos lo miraron.
El Autor suspiró.
"Está bien, sí, usualmente lo soy, pero esta vez solo estoy aquí para ver qué pasa."
Riveria cruzó los brazos. "Eso no es tranquilizador en lo más mínimo."
Ais, que había estado en silencio hasta ahora, inclinó la cabeza. "¿Entonces no harás nada raro?"
"Depende de tu definición de 'raro'."
Tiona dio un salto y se acercó con emoción. "¡Oh, oh! ¿Tienes otra habilidad genial para mí?"
El Autor sonrió. "Depende, ¿quieres convertirte en un mecha?"
"¡¿Un qué?!"
Tione chasqueó la lengua. "No empieces con tus tonterías."
Lefiya, que estaba al lado de Riveria, parecía lista para huir en cualquier momento. Gareth solo tomó su tarro de cerveza y bebió sin inmutarse.
Loki se masajeó la sien, sintiendo un dolor de cabeza en aumento.
"De todas las personas que podían volver a aparecer, tenía que ser este tipo."
El Autor levantó un dedo. "Bueno, podrías haber tenido una visita de Freya."
Loki hizo una pausa.
"…Vale, tienes un punto."
El salón quedó en silencio. Todos esperaban que el Autor hiciera algo. Cualquier cosa.
Pero él solo se quedó sentado, disfrutando la incomodidad general.
"Entonces… ¿van a hacer algo interesante o tengo que empezar yo?"
Ais se acercó con su expresión neutral de siempre, pero con un leve brillo de curiosidad en los ojos. Se detuvo frente al Autor y lo miró fijamente.
"Sobre la habilidad que me diste."
El Autor alzó una ceja. "¿Sí? ¿Qué pasa con ella?"
Ais inclinó ligeramente la cabeza. "Puedo hacer 'Fus Ro Dah'… pero la descripción de mi estado insinúa que hay más."
El salón quedó en silencio.
"…"
El Autor la miró fijamente. Luego, lentamente, esbozó una sonrisa.
"Ah… así que te diste cuenta."
Riveria frunció el ceño. "¿Qué significa eso?"
El Autor se levantó del sillón y comenzó a caminar en círculos, con las manos en la espalda como si estuviera a punto de dar una lección.
"Ais, Ais, Ais…" Negó con la cabeza. "El poder del Thu'um no es algo tan simple como un solo grito."
Finn entrecerró los ojos. "¿Thu'um?"
"El arte de la Voz. Magia sin necesidad de maná, puro poder canalizado a través de la palabra. Un lenguaje tan antiguo que puede dar forma a la realidad misma."
Lefiya tragó saliva. "Eso… suena peligroso."
El Autor se detuvo y se volvió hacia Ais con una sonrisa misteriosa.
"Pero dime, Ais, ¿quieres aprender más?"
Ais asintió inmediatamente.
"…"
El Autor la miró fijamente.
Loki suspiró. "Lo hará sin dudarlo, ¿verdad?"
"Sí, probablemente."
El Autor chasqueó los dedos. "¡Bien! Entonces, Ais, escucha con atención. El grito que ya tienes es Fus Ro Dah, la Fuerza Imparable."
Ais asintió.
"Pero hay muchos más. Gritos de velocidad, de fuego, de hielo, de miedo… incluso uno que te permite invocar una tormenta."
Ais parpadeó. "Quiero ese."
"Sí, claro que lo quieres."
El Autor se acercó, levantó una mano y la colocó sobre la cabeza de Ais.
"Muy bien, aquí tienes uno sencillo. Yol Toor Shul."
En el momento en que lo dijo, un extraño brillo rodeó a Ais. Sus ojos se abrieron levemente al sentir el conocimiento fluir en su mente.
Tiona se acercó emocionada. "¡¿Qué hace, qué hace?!"
El Autor sonrió. "Prueba y verás."
Ais miró alrededor, pensativa. Luego, tomó aire, se giró hacia la chimenea de la sala y…
"YOL TOOR SHUL!"
Una poderosa llamarada salió disparada de su boca, impactando de lleno en la chimenea y haciendo que las llamas normales se expandieran como si hubieran recibido un refuerzo repentino.
"¡¿Ghh?!" Lefiya dio un brinco hacia atrás.
Tiona saltó de emoción. "¡ESO ES GENIAL!"
Finn silbó, impresionado.
Loki se frotó el mentón. "Hmm… un grito que dispara fuego… no está nada mal."
Ais miró sus propias manos, fascinada. "Quiero aprender más."
El Autor rio. "Sí, me imaginé que dirías eso."
Pasaron exactamente tres minutos.
Solo tres minutos.
Y la sala de la Familia Loki… estaba en ruinas.
El suelo tenía marcas de quemaduras, charcos de agua congelada y grietas profundas causadas por ráfagas de aire cortante. En una esquina, un pequeño tornado seguía girando, atrapando cojines y papeles en su interminable danza destructiva.
Lefiya estaba temblando en una esquina, abrazando sus propias piernas con los ojos perdidos en la distancia. Tiona y Tione estaban acostadas en el suelo, riendo entre jadeos como si acabaran de salir de una montaña rusa extrema. Bete tenía el pelaje chamuscado y miraba con furia el pequeño torbellino que giraba cerca de él, como si estuviera considerando arrancarlo con los dientes.
Finn, con la calma de un líder experimentado, se ajustaba los guantes mientras inspeccionaba la escena. Riveria, por otro lado, tenía una ceja temblorosa y su bastón en la mano, claramente a punto de usar magia para sofocar la locura.
Y en el centro de todo…
Ais estaba de pie, con un leve brillo en los ojos, respirando ligeramente agitada.
Loki se llevó una mano a la cabeza. "¿Qué demonios pasó aquí?"
El Autor, recostado en el sofá con una lata de Pepsi en la mano, encogió los hombros. "Aprendizaje acelerado."
Loki lo miró, luego miró la sala, luego lo volvió a mirar.
"… ¿TRES MINUTOS? ¡TRES MINUTOS Y YA PARECE QUE PASÓ UNA MALDITA TORMENTA!"
El Autor sonrió, tomando un sorbo de su bebida. "Sí, impresionante, ¿verdad?"
Ais se giró hacia él con una expresión seria. "Más."
Riveria golpeó su bastón contra el suelo. "¡NO! ¡NO MÁS!"
El Autor suspiró, terminando su lata de Pepsi antes de aplastarla con una mano.
"Está bien, pero este es el último."
Ais lo miró fijamente, sin siquiera parpadear.
El Autor se puso de pie y le hizo un gesto para que se acercara. La espadachina dorada dio un paso adelante, sin apartar la vista de él.
"Este grito es especial," dijo el Autor, extendiendo una mano hacia su frente. "No es solo poder… es presencia."
Una leve energía envolvió su palma mientras tocaba la frente de Ais. De inmediato, una sensación cálida y abrumadora recorrió el cuerpo de la chica, como si algo antiguo y poderoso despertara dentro de ella.
"Y ahora," el Autor sonrió, dando un paso atrás. "Di estas palabras: 'Mul… Qah… Diiv'."
Ais, todavía sintiendo el poder vibrando en su interior, cerró los ojos por un momento antes de inhalar profundamente.
"Mul… Qah… Diiv."
Un rugido etéreo resonó en la habitación.
De repente, sobre Ais, se formó la silueta de un dragón humanoide, como si una criatura de otro mundo se fundiera con su ser. No era un dragón físico, sino una manifestación de su presencia. Su sombra se alargó, sus ojos brillaron con intensidad, y por un instante, la sensación de estar frente a una auténtica bestia dracónica llenó la sala.
Todos los presentes sintieron un escalofrío recorrer sus cuerpos.
Bete, que normalmente tenía algo sarcástico que decir, dio un paso atrás instintivamente. Lefiya dejó escapar un pequeño chillido. Tiona y Tione abrieron la boca, pero no encontraron palabras. Finn sintió un cosquilleo en la nuca, algo que pocas veces experimentaba.
Incluso Loki, la diosa de la travesura, tragó saliva.
La silueta del dragón se desvaneció lentamente, dejando a Ais tal como estaba antes… pero todos sabían que algo había cambiado.
Ais miró sus propias manos con asombro.
El Autor aplaudió. "¡Bien! Ahora eres básicamente un dragón en forma humana. Felicidades."
Ais levantó la mirada. "Más."
Riveria golpeó su bastón contra el suelo con fuerza. "¡NO! ¡NO MÁS! ¡PARA!"
El Autor alzó las manos en un gesto de rendición.
"Está bien, está bien. Ya te di más poder del que probablemente debería."
Ais inclinó la cabeza, confundida, como si no entendiera por qué alguien se negaría a darle más.
Riveria, con una vena latiéndole en la sien, decidió que era momento de intervenir antes de que las cosas se descontrolaran aún más. "Ais, ya es suficiente. No podemos permitir que sigas destruyendo la sala de reuniones de la Familia con estos… ¿cómo llamarlos?"
"¡Son gritos de dragón!" interrumpió el Autor con orgullo.
"Sí, eso." Riveria suspiró. "Y ahora mismo, la habitación está hecha un desastre."
Todos miraron alrededor. Restos de hielo, llamas aún chisporroteando en algunos rincones, el minitornado girando en una esquina como si estuviera esperando a alguien para empujarlo, y pedazos de muebles esparcidos por el suelo.
Finn cruzó los brazos. "Realmente debería detenerte, pero admito que esto ha sido… ilustrativo."
"¿Ilustrativo?" repitió Gareth. "¡Esto es un desastre!"
"¡Un desastre impresionante!" dijo Tiona emocionada, saltando sobre un trozo de madera destrozado.
"Yo solo quería más…" murmuró Ais, mirando de reojo al Autor con sus ojos dorados brillando con determinación.
El Autor sintió que si se quedaba un segundo más, terminaría dándole más poder solo porque la mirada de Ais era demasiado convincente.
Así que hizo lo que mejor sabía hacer.
Desapareció.
Poof.
"¡Oye, no te vayas!" protestó Bete, aunque en el fondo se sentía aliviado de que el loco creador de caos ya no estuviera cerca.
Ais parpadeó. "…" Luego miró a Riveria. "¿Puedo seguir entrenando con esto?"
La elfa mayor se masajeó las sienes. "Dame un momento… Necesito una poción para el dolor de cabeza."
Ais, aún con los rastros del caos a su alrededor, bajó la mirada, pensando en el Autor.
Era extraño. No entendía por qué, pero él la estaba ayudando mucho. Demasiado. No solo con la habilidad, sino con todo en general.
Nunca había conocido a alguien como él.
Se llevó una mano al pecho, sintiendo su corazón latiendo un poco más rápido de lo normal.
"¿Ais? ¿Estás bien?" preguntó Tiona, inclinándose hacia ella con curiosidad.
Ais apartó la mirada rápidamente. "Estoy bien."
Pero su rostro tenía un leve sonrojo.
Y eso hizo que la amazona abriera los ojos con picardía.
"Ooooh~ ¿En qué estás pensando~?"
"En nada," respondió Ais rápidamente, dándose la vuelta para evitar más preguntas.
Tiona no se lo creyó ni por un segundo. Miró a Tione y le susurró: "Creo que a Ais le gusta alguien~."
Tione arqueó una ceja. "¿Qué? No lo creo."
"¡Mira su cara!"
Ais apretó los labios y se alejó un poco.
No. No podía ser. Solo estaba agradecida. Eso era todo.
…¿Verdad?
…
Freya estaba de pie en la cima de la Torre de Babel, observando la ciudad de Orario con su usual elegancia. El viento nocturno acariciaba su plateado cabello, pero su mente estaba ocupada en algo… o más bien, en alguien.
Ese hombre.
Aquel que había irrumpido en su mundo con una facilidad absurda, haciendo lo que le venía en gana sin importarle las reglas de dioses o mortales. No solo había desafiado la percepción de la realidad, sino que además había mostrado cosas que ni siquiera ella, con su vasta sabiduría, podía comprender del todo.
Ya lo había visto en la taberna. Aunque en ese momento estuvo en su disfraz de Syr, no podía ignorar la extraña sensación que le había dejado. Él la había mencionado con total naturalidad.
Como si supiera.
Como si la viera.
Eso la intrigaba.
"No solo ve más allá…" murmuró para sí misma, con una sonrisa entre divertida y calculadora. "Él actúa como si nada de este mundo fuera una barrera para él".
Los lingotes de piedra infernal, la espada imposible que mostró a Hefesto, la extraña bebida que había provocado una especie de adicción en las chicas de la taberna… Cada cosa que hacía estaba más allá del entendimiento. ¿Cómo lo hacía? ¿De dónde sacaba esas maravillas?
Y más importante aún…
¿Qué es lo que realmente buscaba?
Freya apoyó su mejilla en su mano mientras seguía observando la ciudad. Su interés no era mera curiosidad. No, esto era mucho más.
Freya frunció levemente el ceño mientras se recargaba en la baranda de la torre. Había algo inquietante sobre ese hombre. No solo por lo que hacía o decía, sino porque, cuando intentó verlo con su poder… no había nada.
Eso no tenía sentido.
Ella podía ver el color del alma de cada ser en este mundo. Desde los aventureros más débiles hasta los dioses más poderosos, todos tenían un brillo único que le revelaba su esencia. Pero él… él no tenía nada.
Era como si no estuviera vivo.
No, más que eso. Era como si simplemente no existiera dentro de las reglas de este mundo.
Freya llevó una mano a su pecho, sintiendo la emoción recorriéndola. Nunca había encontrado a alguien así. Un ser sin alma, pero con una presencia innegable. Un ser que desafiaba la lógica misma de la existencia.
Y para colmo, también había traído aquella bebida.
Freya chasqueó la lengua con molestia al recordar la Coca-Cola. No porque le desagradara, sino todo lo contrario.
Le encantó.
Esa sensación burbujeante, el dulzor perfectamente equilibrado, el toque refrescante… Nunca había probado algo así. En su larga vida, había disfrutado los mejores vinos y licores, pero ninguna bebida le había dado esa extraña satisfacción como aquella negra y efervescente.
Una diosa de su estatus no debería estar pensando en algo tan trivial, pero ahí estaba, deseando otro vaso.
Y entonces, con una sonrisa enigmática y los ojos brillando con emoción, susurró:
"Eres un misterio, forastero… Y los misterios… me encantan".
Freya parpadeó, sorprendida al sentir un peso repentino en su mano. Bajó la mirada y, efectivamente, ahí estaba.
Una lata de Coca-Cola, fría y perfectamente intacta.
Junto a ella, una pequeña nota escrita con una caligrafía casual y juguetona:
"Me halagas :D
-Autor"
El ojo de Freya tembló ligeramente.
¿Pero qué…?
¿Cómo?
Su mirada saltó de la nota a la lata y luego a su alrededor. No había nadie más en la cima de la Torre de Babel. Ni un alma. Ni un sonido. Solo el viento de la noche moviendo su cabello plateado.
La diosa entrecerró los ojos y dejó escapar una suave risa.
Este hombre no solo escapaba de su visión divina. No solo traía cosas imposibles a su mundo. No solo desafiaba toda lógica conocida.
Encima de todo eso… también era un provocador.
Freya suspiró, pero no pudo evitar sonreír. Con calma, abrió la lata y la llevó a sus labios, disfrutando de la primera y refrescante burbuja.
Si él quería jugar con ella…
Que así fuera.
…
El autor estaba justo debajo de la imponente Torre de Babel, con los brazos cruzados y una expresión de satisfacción en su rostro.
Vestía una armadura de cuero genérica, un manto marrón sin distintivos y una espada de hierro oxidado en el cinturón. Vamos, lo más básico y promedio posible, el epítome de "aventurero random número 34".
"Nada como trollear a una diosa antes del almuerzo", murmuró para sí mismo, viendo la silueta de Freya en lo alto de la torre mientras bebía la Coca-Cola que le había dejado.
Alzó una ceja.
¿Podría ser esta la primera vez en la historia que alguien logró molestar a Freya sin que ella quisiera matarlo o secuestrarlo inmediatamente?
Bueno, lo tomaría como un logro.
El autor sintió un leve tirón en su manto y bajó la mirada.
Frente a él estaba una niña de orejas de animal, con ropas gastadas y una expresión que mezclaba timidez y determinación. Era Liliruca Arde, la chienthrope— no, esperen, la prum oportunista favorita de todos.
"Señor aventurero… ¿necesita una partidaria?" preguntó con voz dulce y profesional, aunque sus ojos ocultaban un destello de necesidad.
El autor parpadeó.
Oh, claro. Lili todavía estaba en su etapa de "estafar aventureros hasta que la Familia Soma la deje de explotar".
Interesante.
El autor sonrió de forma misteriosa.
"Me parece bien. Vamos directo al Dungeon."
Lili parpadeó sorprendida. Normalmente tenía que insistir un poco más, resaltar sus habilidades o incluso manipular la situación para que los aventureros aceptaran. Pero este tipo había aceptado sin dudar.
"Oh, e-entonces… vamos," dijo, recomponiéndose rápidamente.
Sin más preámbulos, ambos caminaron en dirección a la entrada del Dungeon, mientras Lili internamente se preguntaba si había cometido un error.
Mientras bajaban las escaleras del Dungeon, Lili no pudo evitar observar con más atención al aventurero que la había contratado. Se veía… increíblemente promedio.
Armadura genérica, espada genérica, actitud genérica. Si no fuera porque había aceptado sin regatear, lo habría tomado por un novato sin remedio.
"Entonces, señor aventurero," comenzó Lili con su tono profesional, "¿qué piso planea explorar hoy?"
El autor se encogió de hombros. "No sé, ¿qué sugieres?"
Lili casi tropezó. ¿Cómo que no sabía? Normalmente, los aventureros tenían un objetivo claro.
"¿Qué tan fuerte eres?" preguntó con cautela.
El autor se llevó una mano a la barbilla, como si realmente estuviera considerando la pregunta.
"Digamos… lo suficiente."
Lili sintió un escalofrío. Esa respuesta no decía nada… pero al mismo tiempo lo decía todo.
El tiempo pasó mientras recorrían los primeros pisos del Dungeon. Lili observaba atentamente cómo su cliente enfrentaba a los monstruos… y tenía sentimientos encontrados.
Por un lado, el aventurero no parecía incompetente. Sus golpes tenían precisión, y su defensa era decente. Pero por otro lado… era demasiado decente.
Sus movimientos eran los justos y necesarios para no parecer débil, pero tampoco impresionante. Cuando atacaba, su espada cortaba a los goblins y kobolds con la eficacia mínima esperada. No había gracia, no había brutalidad. Solo… funcionalidad.
"Qué raro…" murmuró Lili para sí misma.
El aventurero, sin embargo, parecía completamente satisfecho con su actuación.
"Uf, esto es más difícil de lo que esperaba", dijo, limpiándose una gota de sudor inexistente.
Lili entrecerró los ojos. ¿Difícil? Había visto novatos de verdad luchando con más dificultad que eso. Algo no cuadraba.
Justo cuando Lili terminaba de guardar los núcleos mágicos en su mochila, un gruñido llamó su atención.
Un kobold apareció entre las sombras del Dungeon, sus ojos rojos brillando con hambre. Lili frunció el ceño y se preparó para retroceder, pero el aventurero genérico que la había contratado levantó una mano.
"Déjamelo a mí", dijo con una confianza casi absurda.
Lili lo observó con escepticismo mientras el aventurero se adelantaba. El kobold rugió y se lanzó sobre él con sus garras en alto…
Lili observó con horror cómo las garras del kobold atravesaban limpiamente el abdomen del aventurero, saliendo por su espalda con un sonido húmedo y escalofriante.
Los ojos del aventurero se abrieron como platos, y de su boca escapó un jadeo ahogado. Se tambaleó hacia atrás, su cuerpo temblando mientras sus manos intentaban aferrarse al aire.
"Guh…" murmuró con la voz quebrada, su rostro empalideciendo dramáticamente.
Lili dejó caer su ballesta, llevándose ambas manos a la boca mientras el pánico la invadía.
"¡N-No! ¡Aguanta! ¡Voy a… voy a hacer algo, espera!"
El aventurero cayó de rodillas, agarrándose el estómago mientras su cuerpo se sacudía como si estuviera en sus últimos momentos.
"N-No… no hay tiempo…", balbuceó, sus ojos perdiendo lentamente el brillo.
Lili corrió hacia él, hurgando en su mochila con manos temblorosas.
"¡No digas eso! ¡Voy a… voy a darte una poción, espera!"
El aventurero tosió (sin sangre), extendiendo una mano temblorosa hacia ella.
"No gastes… tus pociones… es inútil…"
"¡No es inútil! ¡T-Tienes que aguantar, maldita sea!"
Las lágrimas ya estaban acumulándose en los ojos de Lili mientras sacaba desesperadamente una pequeña poción curativa, pero el aventurero sacudió la cabeza con un esfuerzo sobrehumano.
"Demasiado tarde… Lili… cuida de ti misma…"
Lili negó frenéticamente con la cabeza.
"¡No hables así! ¡Vas a estar bien! ¡Tienes que estar bien!"
El aventurero deslizó una pequeña bolsa de valis en sus manos, sus dedos apenas sosteniéndola con su "última fuerza".
"D-Déjale esto… a mi madre… en la calle Estrella Lunar… número treinta y siete…"
Las lágrimas finalmente rodaron por las mejillas de Lili.
"¡Tú mismo se la vas a dar cuando salgamos de aquí, idiota!"
Pero el aventurero solo dejó caer la cabeza hacia atrás con un golpe seco en el suelo. Su brazo cayó inerte a un lado.
Su cuerpo quedó completamente inmóvil.
Lili dejó escapar un sollozo ahogado.
"¿Por qué… por qué me pasa esto a mí…?" murmuró, limpiándose las lágrimas con la manga.
El kobold, que aún tenía sus garras dentro del aventurero, parpadeó. Miró a Lili, miró al hombre "muerto", y luego soltó un bufido… antes de sacar sus garras y simplemente alejarse, decidiendo que ya no valía la pena, que raro.
Lili no se molestó en mirarlo.
Solo cayó de rodillas junto al cuerpo del aventurero, con la cabeza gacha, intentando calmar su respiración entre sollozos.
Lili había manipulado a muchos aventureros antes. Los había llevado a trampas, los había dejado solos en momentos críticos, había aprovechado su codicia para hacer que se metieran en problemas sin salida…
Pero nunca había visto la muerte en persona.
No así.
No frente a ella.
No con alguien extendiéndole la mano temblorosa y dedicándole sus últimas palabras antes de caer inerte.
No con un cadáver fresco, todavía caliente, tendido en el suelo con una expresión de dolor en su rostro.
Su cuerpo se sentía frío, sus extremidades entumecidas. Su respiración era errática, y aunque intentaba convencerse de que esto era algo "normal" en el Dungeon, que simplemente debía acostumbrarse… no podía.
No podía apartar la vista del cadáver.
La sangre… no había sangre. Pero eso no importaba. Lo que importaba era que el aventurero yacía ahí, sin moverse. Sin hablar. Sin respirar.
Su garganta se cerró.
Sus ojos seguían abiertos.
Lili tragó saliva, sus dedos aferrando la pequeña bolsa de valis que él le había dado.
"…¿Por qué?" susurró, temblando.
¿Por qué se sentía así?
Había visto a aventureros desaparecer en el Dungeon. Había escuchado rumores, había sabido de su muerte. Pero nunca había estado justo al lado de uno cuando sucedía. Nunca había sentido esa sensación… esa sensación de vacío, de irrealidad.
De culpa.
Cerró los ojos con fuerza, intentando bloquear la imagen de su mente.
Pero no podía.
Había llevado a la muerte a muchos… y ahora, por primera vez, la muerte había ocurrido justo frente a ella.
Lili se quedó quieta por un momento, sus manos apretando con fuerza la bolsa de valis.
Su mirada bajó hacia el cadáver.
No era su problema.
No podía darse el lujo de lamentarse.
No podía hacer nada por él ahora.
Respiró hondo, temblando. Luego, sin decir una palabra más, se dio la vuelta y comenzó a caminar.
Sus pasos eran torpes al principio, pero poco a poco fueron volviéndose más firmes. Aún sentía un nudo en la garganta, pero lo ignoró.
No miró atrás.
No miró el cuerpo.
No se permitió pensarlo demasiado.
Simplemente se fue.
El autor, ahora en modo espectador como si estuviera en Minecraft, flotaba en el aire observando la escena con los brazos cruzados.
"Vaya… sí que lo tomó en serio", murmuró mientras veía a Lili alejarse con la bolsa de valis.
Moviéndose sin ser visto ni oído, voló alrededor de su propio "cadáver", inspeccionándolo con curiosidad.
"Me quedó bastante realista, si lo digo yo mismo."
Se inclinó un poco, viendo cómo la sangre falsa se filtraba lentamente en el suelo del Dungeon.
Luego se estiró, flotando boca arriba en el aire como si estuviera acostado en un sofá invisible.
"Bueno… ¿ahora qué hago?"
Pensó en simplemente revivir y seguir a Lili, pero eso le quitaría la gracia a la escena. Además, ella se veía bastante convencida.
Así que, en lugar de eso, decidió seguirla en su modo fantasma, flotando justo encima de su cabeza mientras la veía caminar por los oscuros túneles del Dungeon.
Lili caminaba con pasos apresurados, casi tropezando en su prisa por alejarse de la escena. Su pequeño cuerpo temblaba, y sus manos aferraban la bolsa de valis con tanta fuerza que sus nudillos estaban blancos.
Sus pensamientos eran un caos.
"T-Tanto dinero… nunca había visto tanto junto…"
Miró la bolsa otra vez. Era pesada, lo suficiente para cambiar su vida. Con esto, podría comprar comida, ropa… podría vivir bien por mucho tiempo. No tendría que seguir mendigando o robando sobras.
Pero luego, el peso en su pecho se hizo aún más fuerte.
"Pero… me lo dio para que se lo lleve a su madre…"
Sus dientes se apretaron.
Eso significaba que él realmente confiaba en ella. Que en su último aliento creyó que ella haría lo correcto.
…¿Y si simplemente se lo quedaba?
No era culpa suya que el idiota se hubiera dejado matar, ¿cierto?
Se mordió el labio, tratando de ignorar esa sensación de náusea en su estómago.
El dinero estaba justo ahí, en sus manos.
Y nadie sabría si desaparecía.
Pero por alguna razón, cuando imaginaba los ojos de ese aventurero moribundo mirándola, con ese tono de súplica en su voz…
…el dinero ya no se sentía tan pesado como la culpa.
Lili se movía entre las calles de Orario con pasos ligeros, su pequeña figura perdiéndose entre las sombras de los edificios.
El papel que escribió con la dirección estaba arrugado en su mano, y cada vez que lo veía, sentía un nudo en la garganta.
"¿Por qué estoy haciendo esto…?"
No tenía respuesta. Solo sabía que, por más que intentara convencerse de lo contrario, no podía quedarse con ese dinero.
Finalmente, llegó a su destino. Era una casa modesta, de aspecto algo descuidado, pero no miserable.
Lili miró a ambos lados, asegurándose de que nadie la viera.
Con manos temblorosas, dejó la bolsa de valis en el suelo, justo frente a la puerta.
No tocó. No quería respuestas.
No quería ver a la persona que recibiría ese dinero.
Solo quería irse.
Y así lo hizo.
Se giró y corrió, alejándose lo más rápido posible, como si el peso de la bolsa aún estuviera en sus manos.
Lili volvió a la destartalada casa abandonada que llamaba "hogar".
Sus pequeñas orejas se movieron ligeramente, alertas, mientras sus ojos recorrían el lugar en busca de alguna amenaza oculta. Nadie.
Todo estaba como lo había dejado. Los tablones rotos en el suelo, la ventana con el cristal hecho añicos, el montón de telas viejas que usaba como cama en un rincón. Pero ahora había algo más. Algo que no estaba antes.
Una gran bolsa, justo en el centro de la habitación.
La prum tragó saliva. Algo en su instinto le gritaba que era peligroso acercarse, pero la curiosidad era más fuerte. Sus pasos fueron lentos y cuidadosos, como si en cualquier momento la bolsa fuera a saltarle encima. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, notó que había una nota pegada en la parte superior.
"Por tu honestidad :D"
Su corazón dio un vuelco.
Con manos temblorosas, desató la cuerda que cerraba la bolsa y la abrió con cuidado.
Sus ojos se abrieron como platos.
Valis.
Montones de valis.
Brillando bajo la tenue luz de la luna que se filtraba por las grietas del techo.
Lili sintió que el mundo se tambaleaba bajo sus pies.
No era solo una pequeña cantidad. Eran miles. Decenas de miles. Más dinero del que jamás había visto en su vida.
Su mente se nubló.
No podía ser.
Era imposible.
Ese aventurero había muerto. Lo vio con sus propios ojos.
Vio la sangre salir de su boca. Vio la forma en que sus ojos perdieron la luz. Vio cómo su cuerpo quedó inerte en el suelo del Dungeon.
Se llevó una mano a la cabeza, sintiendo cómo su respiración se aceleraba.
"¿Entonces por qué…?"
Miró nuevamente la bolsa y la nota, su mente tratando de darle sentido a la situación.
Pero no lo logró.
Porque nada tenía sentido.
Se sentó en el suelo sin soltar la bolsa, su cuerpo temblando.
Por un lado, debía estar feliz. Ahora tenía suficiente dinero para alimentarse por semanas, incluso meses. No tendría que robar o mendigar por un tiempo.
Pero el peso en su pecho no desaparecía.
Era como si una sombra la envolviera, susurrándole que algo estaba mal.
Que algo estaba terriblemente mal.
Lili se quedó mirando la bolsa por un largo rato, con los labios fruncidos en una expresión de incertidumbre.
No había explicación. No había pistas. Solo una bolsa llena de valis y una nota con una sonrisa burlona.
No tenía sentido seguir dándole vueltas.
Finalmente, sacudió la cabeza y, con movimientos rápidos, arrastró la bolsa hasta un rincón oscuro de la casa. Quitó algunas tablas sueltas del suelo y la metió debajo, cubriéndola bien con los escombros.
No sabía qué estaba pasando.
No sabía si era una trampa.
Pero lo que sí sabía era que no iba a dejar ese dinero a la vista.